FEMINICIDIO DE CADA DIA – por Eduardo Peluso

“La utopía está en el horizonte, camino dos pasos, ella se aleja dos pasos, y el horizonte se aleja diez pasos más allá, entonces ¿para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”

Eduardo Galeano

 

Lamentablemente nos encontramos una vez más con un feminicidio, donde la mujer, en este caso una chica de apenas 18 años, es asesinada por su novio, un policía de 23 años, el cual, según informaron, estaba con licencia por “desórdenes mentales”.

Con la posibilidad de ser reiterativo, podemos ver que la violencia contra la mujer, en lugar de disminuir, tiende a aumentar día a día…. Entonces, ¿no deberíamos cuestionarnos si las acciones realizadas desde hace tiempo,  de la manera que se vienen realizando, son suficientes?, ¿estas acciones, son solución para estos crímenes, o son parte del problema?

¿Sera conveniente que los medios de comunicación muestren la noticia de la manera en que se hace? ¿Hay posibilidades de cambiar esta tendencia violenta cada día más creciente?

Para intentar contestar estas preguntas, voy  a tratar de dejar planteados algunos comentarios:

Luego de analizar esta problemática desde hace tiempo, y coincidiendo con la posición de Rita Segato, creo que no es conveniente seguir tratando a la violencia contra la mujer, solamente como un tipo de violencia instrumental y limitando a la intimidad y a una situación doméstica o privada el hecho violento.

Es fundamental que los feminicidios sean encarados como hechos de violencia expresiva, y analizados desde lo político y lo social.

El patriarcado ha enfermado de tal manera todas las instituciones, que será difícil reducir estos crímenes, si no hay un giro copernicano de 180 grados en la educación en general, y en la educación sexual en particular.

El Estado, es básicamente patriarcal, por lo cual, las instituciones que dependen de él, y en este caso específico, la policía y  el poder judicial,  tienen en forma potenciada, la posibilidad de utilizar la violencia indiscriminadamente  en sus diferentes formas,  física,  psicológica o simbólica.

La formación y educación de quienes se ocupan de cuidar la seguridad de los individuos,  está basada en muchos casos, en no empatizar con quienes pueden ser potencialmente delincuentes, y tener  baja sensibilidad  ante el dolor del otro,  pero que paradójicamente, también se ve reflejado en la baja empatía y sensibilidad, ante una posible victima cuyo cuerpo es feminizado.

Es decir, a la pedagogía de la crueldad manifiesta en la construcción del varón, que es atravesado por el patriarcado y la matriz heterosexual, se le suma, la posibilidad legitima del uso de la violencia. Pocos riesgos resulta ser mayores.

Por otro lado, este tipo de hechos son casi siempre vistos como una relación entre dos, víctima y victimario, incluso , en general,  se limita el análisis a la vida privada e íntima de los involucrados, donde la violencia ejercida es identificada como una violencia instrumental debido a celos, problemas mentales, o deseos sexuales incontrolables por parte del agresor.

Creo que ver el problema de esta manera es muy simple y acotado, y no permite llegar a encontrar las causas principales de esta violencia, y lamentablemente, si no llegamos a encontrar el origen de la misma, difícilmente encontraremos la solución.

Si en cambio, analizamos estos hechos como parte de una violencia expresiva del agresor, y así,  incluimos además de la relación entre víctima y victimario, la relación entre el victimario y sus pares a quienes les debe decir”-mira que macho que soy”,  transformando el caso en un hecho político, tendremos la posibilidad de generar acciones que permitan evitar el acto violento, y no  como casi siempre sucede, llegar a pensarlo cuando ya es tarde.

La formación patriarcal del hombre con minúscula, exacerbada en el Estado , quien posee la violencia legítima a través de instituciones como las fuerzas de seguridad, (interna como la policía, o externa como el ejército), sumada al moralismo patriarcal de quienes deberían impartir justicia, constituyen la tormenta perfecta para que en ciertas circunstancias estos actos violentos sean inevitables.

En este análisis pensamos que la formación patriarcal, expresada en ese mandato de masculinidad, obliga al hombre a revalidar en forma permanente, no sin consecuencias,  su masculinidad y su potencia ante ese otro par que lo estaría evaluando.

Entrevistas en la cárcel muestran en muchos casos feminicidas, que dicen no entender por qué cometieron el acto que realizaron, exteriorizando en la mayoría de los casos  extrema baja autoestima y empatía.

Teniendo en cuenta esto último, la forma en que los medios de comunicación muestran los hechos, poniendo en el agresor fuerza y potencia, podría llegar a ser propicio para generar actitudes similares en potenciales agresores.

Si esto fuese así, sería conveniente en los medios, no ocultar la realidad, sino también,  mostrar la pobreza emocional del agresor y sus miserias constitutivas.

Las instituciones dependientes del Estado, responsables, desde la educación hasta la seguridad, podrían  formar individuos en los cuales se  priorice la educación en general,  la educación sexual en particular, y la  suficiente capacidad de pensamiento que permita al varón transitar nuevas masculinidades, y a la mujer defender sus derechos sin odio hacia el otro género, comprendiendo que tanto hombres  como mujeres somos víctimas de la misma formación patriarcal y binaria. Posiblemente aún estamos lejos de encontrar la solución y el camino recién empieza, pero no dejemos de caminarlo.

E.P