Asexualidad – Por Isabel Boschi y Eduardo Peluso

Cuando discutimos acerca de cómo la matriz heterosexual fabrica  cuerpos “dóciles” según el concepto acuñado por Foucault, el análisis incluye la violencia que se ejerce sobre aquellos cuerpos que no se encuentran en ninguno de los dos extremos de ese binario que agrupa un continuo de sexualidades muy diverso.

Llegado a este punto, existe una forma de sexualidad bastante poco tenida en cuenta en los estudios, posiblemente, por  supuestamente poco significativa en cantidad de individuos, que es la asexualidad.

Seguramente aquellos que se encuentran en el continuo de las  sexualidades  que están fuera de la heteronormatividad, están registrando una lucha por sus derechos,  que en muchos casos, como en nuestro país, van siendo reconocidos.

Sin embargo, sobre quienes se autodefinen como asexuales, les recae no solo la pesada carga de no respetar el binario, sino una mucho más fuerte, que es, en gran parte de los casos, reconocer una ausencia de placer por la sexualidad.

La sociedad a esta altura del siglo XXI, de mala gana accede a que haya ciertos individuos que no se definan como hombres o mujeres, y hasta que su orientación sexual no sea la impuesta por los poderes, entre ellos la Iglesia católica,  que siguen relacionando la sexualidad con la reproducción, pero estamos muy lejos de aceptar un ser humano que desconozca el deseo sexual.

Creo que es momento de estudiar un poco más esta forma de sentir, ni para justificarla ingenuamente, ni para rechazarla en base a algún condicionamiento patológico, sino para reconocer que siendo la sexualidad una construcción donde intervienen múltiples fuerzas,  no podemos borrar de un plumazo, o por prejuicios inherentes a la supuesta naturaleza humana, la diversidad de sexualidades posibles, que incluye también su negación. Caso contrario, estaríamos  escondiendo la cabeza como el avestruz, ante una realidad, que desconociendo, solo ejercemos violencias escondidas en un prejuicio.

Hay ciertas características comunes en este grupo que podríamos citar: falta de interés por una relación sexual genital, la apatía en muchos casos por el contacto físico en general, el gusto por ciertas distracciones infantiles, y una muy marcada  racionalidad  en sus discursos.

También los caracteriza  una fuerte preferencia  de comunicación y agrupación dentro de las redes sociales, mostrando poca empatía con el otro en una relación cara a cara.

Las muestras de afecto corporal como  abrazos o besos, son expresadas  escasamente, y cuando se expresan, suelen sentirse como cumplimentando una norma social y no una situación emotiva.

Estas características que coinciden en muchos casos con las propias de determinadas parafilias, podrán ser un punto de partida para una investigación que permita encontrar, basándonos en que la sexualidad es una construcción social, las bases  de su formación.

Según sabemos, una parafilia se define como tal, fundamentalmente, porque para lograr excitación, placer o erotización, el individuo necesita de ciertos estímulos no aprobados socialmente, no consentidos, y que en algunos casos, violentan voluntades, siendo en esos casos castigada penalmente. En otros casos aunque no realicen conductas que violenten el cuerpo de los otros, subvierten ciertas creencias religiosas o normas aceptadas por un grupo social. Por ejemplo: el fetichismo de los pies.

La Antropología ha mostrado que los grupos sociales fabrican individuos que cumplen ciertos roles de acuerdo a las necesidades de esa sociedad, y los desvíos, en muchos casos, son definidos como enfermos o anormales.

En  sexología del desarrollo, Money determinó  como se va construyendo la sexualidad en su psiquismo. El teorizó  el concepto de lovemap, o mapa del amor,  como condicionante de nuestra atracción hacia un determinado tipo de personas y no otras,  y por tanto, el enamoramiento y el amor direccionado .Así, cada ser humano tiene un mapa del amor único y con particularidades específicas.

Desde que nacemos, nuestros mapas del amor comienzan a estructurarse con toda la información, experiencias y estímulos que procesamos a través de los órganos de los sentidos. Todo lo que vivenciamos  como niños deja una huella en nuestro mapa del amor.

En este sentido,  algunas huellas pueden constituirse como manchas que en un futuro entorpecerán la formación de vínculos afectivos y eróticos armoniosos con otros seres humanos.  John Money nos dice que cuando un niño presenta un desarrollo psicosexual saludable, su mapa del amor se desarrollará para dar lugar a una heterosexualidad sin complicaciones.

En la época que Money realizó este estudio, la homosexualidad era considerada una enfermedad.

Hoy podríamos decir que un mapa del amor sin manchas dará lugar a una sexualidad sin complicaciones.

Caso contrario, cuando ese mapa del amor ha sido vandalizado, según Money, las parafilias son una posibilidad.

Ahora las preguntas que surgen son: la asexualidad,  como está planteada,  ¿Es una elección dentro de las orientaciones sexuales posibles?

Dicha orientación  ¿Responde a un  mapa del amor  sano o a uno vandalizado?

Como en su momento fue la homosexualidad, hasta hace poco tiempo considerada anormal, la asexualidad, ¿no responde a una verdad no cuestionada sobre las posibilidades de sexualidad del ser humano?

Creo que para contestar  a estas preguntas debemos seguir investigando, estudiando  y fundamentalmente tratando de comprender a  ese otro, no para que deje de serlo, sino defendiendo la diversidad, fundamental para la continuidad de la especie.

Ante estas afirmaciones, (tanto  de la gente que se autodefine como asexual como de quienes dudan de que lo sean) nos seguimos preguntando:

Si algunas personas se definen como asexuales, ¿se vandalizó su deseo sexual, y entonces esa asexualidad es secundaria? ¿O nacieron así, y en tal caso la condición de asexual es primaria?

Que sea secundaria no presupone patología. Que sea primaria tampoco nos conduce a una condición innata.

Estudiamos la sexualidad de cualquier ser humano desde tres aspectos iniciales:

  1. El dato etario social cronológico: en qué época nació, cuáles eran los valores sexuales sociales y familiares de su época en torno del cuerpo, las características y funciones esperadas del mismo y en qué aspecto social se valorizaba el placer: se depositaba en el trabajo, reproducción, belleza, interrelación con otro u otra, economía, política, etc.
  2. Aspectos evolutivos personales que implican no solo las condiciones corporales sino las experiencias de acercamiento físico con los demás, pares , mayores, personas significativas en su vida y las marcas o huellas que quedan impresas de los contactos primitivos, (equivalente a los mapas del amor de Money) y que actúan como memoria corporal en la vida posterior.
  3. ¿Qué necesita cada individuo aprender de los otros para constituir su identidad, para sobrevivir en comunidad? ¿Para qué necesita a los otros?, ¿qué instrumentos emplea  para completarse con los otros: ¿información intelectual, intercambio afectivo, interrelación corporal sexual , ensayo y error lúdico?
  4. Todo cuerpo es social.

El grupo AVEN  es la Red para la Educación y Visibilidad de la Asexualidad. Es la comunidad asexual internacional  que reclamó a la Asociación Americana de Psiquiatría, autora del DSM-V, (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) por  haber considerado patológica la conducta de la gente con deseo sexual inhibido, es decir, de quienes rechazaban las relaciones sexuales. Y que consideré a los asexuales con síntomas parecidos.

AVEN acusó a los autores del Manual de incluir en este diagnóstico a  la asexualidad sin comprenderla y sin haberla estudiado.

Ciertamente, el Deseo Sexual Hipo activo, en el hombre y Deseo Sexual Inhibido en la mujer  aparecen como trastornos del interés sexual en los estudios tradicionales de la Sexología Clínica y son motivo de consulta de personas que no están conformes con su performance sexual.

La exigencia de AVEN para que se produjera la revisión del DSM-V, determinó que en su versión actual en el caso de  la “identificación de asexual” es  la propia mujer la que se defines así a sí misma o  el propio hombre quien lo hace sobre sí mismo.

Pero, como cualquier atracción o desinterés sexual puede tener fluctuaciones temporales, o situacionales, se flexibilizó el concepto de Asexual con el  de demisexual, es decir la condición que experimentan algunas  personas, independientemente del género o situación de pareja, estable u ocasional, que ocasionalmente pueden sentir atracción sexual con alguien, aunque no lo hayan sentido nunca antes.

 

Lo que la gente asexual destaca es que requieren un respeto a su condición, y la des patologización de su situación: no se incluye necesariamente como asexual quien renuncia a las relaciones sexuales por desengaño con su pareja, o por situaciones traumáticas sexuales en algún momento de su vida, o por enfermedad o por dificultades interpersonales.

Lo que mucha gente asexual solicitó al mundo científico es:

  1. Desde lo institucional: que se reconsidere la asexualidad en la enseñanza y en los manuales donde se establecen diagnósticos diferenciales para los trastornos e interés sexual
  2. Desde la práctica profesional: Reconocer la validez de estas identidades para que se estudien y difundan estos temas entre los colegas científicos.
  3. Cambio social: que la falta de deseo y/o atracción sexual deje de considerarse inherentemente negativo: que las prácticas sexuales (normativas) dejen de ser vistas como una necesidad universal y que sea inclusivo, abarcando gente asexual que experimentan todas las expresiones de la diversidad sexual humana.

 

Isabel Boschi , Licenciada en Psicología , Sexóloga Clínica y Educativa.

Eduardo Peluso, Ingeniero, Licenciado en Antropología por UBA, y Educador Sexual