REFLEXIÓN DEL LUNES 04 DE MAYO DE 2020 – Por Eduardo Peluso

Dilema Libertad –Seguridad
En los primeros estadios de la humanidad donde la única ley presente era la ley de la naturaleza, el ser humano gozaba de una libertad tal, que le permitía tomar decisiones que eran limitadas solamente por la fuerza natural o por la fuerza física de un otro, que en muchos casos, podría terminar tempranamente con la vida.
Hobbes planteo la solución, justificando un contrato social, donde las personas deberían manifestar su voluntad de someterse a un soberano, el cual tendría el derecho monopólico de la violencia, y establecería leyes, las cuales haría cumplir coactivamente.
Ese soberano hoy está representado por el estado y sus instituciones, y donde las leyes nos limitan la libertad, en función, de un aumento de la seguridad.
En estos días de aislamiento social obligatorio definido por algunos gobiernos, los cuales dicen estar apoyados en la medicina, nos vamos dando cuenta en carne propia que ese viejo dilema entre seguridad y libertad, sigue aún presente
Para no morir y no matar, debemos estar encerrados en nuestros hogares sin poder ver a nuestros seres queridos, sin poder generar medios económicos, sin poder estar en contacto con esa naturaleza representada en el sol como sinónimo de salud.
¿Cuánto tiempo? Según la “ciencia”, depende de una curva que en nuestro país se sigue manteniendo con leve pendiente, tan leve, que paradójicamente transforma a esa variable temporal en una tendiente a infinito.
Los mensajes de quienes administran el estado, expresan un agradecimiento a la “gente”, porque gracias a que se quedan en su casa el virus no hace estragos en la población.
Resulta raro prohibir con penalidades un accionar, y luego resaltar el miedo a la pena como un acto de responsabilidad.
La responsabilidad implica dar respuesta de nuestros actos, y creo que ninguno de nosotros quiere morir, y menos matar a sus seres queridos, por lo cual, desde ese miedo, la mayoría de nosotros podría dar respuesta a sus acciones, sin embargo, cada día que pasa, la norma es menos acatada.
Dos meses para ciertas personas puede resultar poco tiempo, sin embargo, para un niño de seis meses representa un tercio de su vida.
Para un adulto mayor este aislamiento puede alimentar la fantasía de no ver más a sus hijos o nietos, y en algunos casos, aumentar sus probabilidades de enfermarse, sin tener en cuenta el agobio que causa la soledad, y un posible cuestionamiento sobre la definición de que es vivir.
Si todos estamos de acuerdo, en que hasta que no aparezca un tratamiento efectivo o una vacuna, esta situación no variara mucho, no es la oportunidad para que esa pseuda responsabilidad sea puesta a prueba?
Me pregunto si no sería el momento en que los gobiernos consulten a otras ciencias, como la psicología, la sociología y la antropología en la definición del que y del cómo, manejar esta pandemia incluyendo a la comunidad en el manejo del riesgo.
El riesgo es una variable que habría que hacer jugar claramente, dándole cierta libertad de movimiento a cada ciudadano, pero ofreciéndole un sistema de transporte que colabore y que no sea parte del problema.
Esta es una oportunidad en que la conciencia de un sálvese quien pueda deje lugar a un proyecto comunitario responsable, pero si seguimos dependiendo de la autorización de papa Estado, difícilmente pongamos a prueba esa responsabilidad.
El dilema entre libertad y seguridad nuevamente, como en el siglo XVII, se pone en juego. En aquel momento de mucha violencia donde el enemigo podía ser mi hermano, la búsqueda de la seguridad, aparentemente justificaba ese ejercicio legítimo de la violencia aplicada en las leyes.
Hoy donde el enemigo es un virus, un significante cargado de tantos significados como pensamientos ideológicos existen, creo que es la responsabilidad individual y comunitaria la herramienta a la que los gobiernos deben apelar, para que en definitiva, detrás de ese agradecimiento a la comunidad por el manejo de la pandemia, no se esconda una estrategia narrativa, en la cual el fin justifique los medios, y el discurso del bien siga escondiendo la búsqueda de poder

E.P