Reflexión de Lunes 06/04/2020

Es posible que muchos de nosotros estemos viviendo situaciones similares al tener que obligatoriamente, permanecer en nuestras casas encontrándonos con el ocio,   al disminuir considerablemente el contacto con las actividades cotidianas tradicionales.

Aumentamos nuestra ingesta de comida, pero también de información……. Oímos  informaciones contradictorias durante todo el día, y muchas veces nosotros mismos transmitimos alguna noticia que nos comentó el hijo, del padre, del nieto, de no sé qué gurú médico del Malbran, para luego salir desmentida, inclusive sin argumentos. Por lo cual, me pareció que un tema fundamental para pensar y reflexionar es el tema de la verdad.

¿Hasta el siglo XVI quien cuestionaba “la verdad” sobre el giro del sol alrededor de la tierra?

¿Hasta hace pocos años quien cuestionaba “la verdad” sobre que la  homosexualidad era una enfermedad?

¿Hasta hace pocos siglos cuantos ponían en duda “la verdad” sobre que Dios creo al hombre?

Considero que las verdades absolutas no existen, por lo cual, lo único que podríamos  apoyar es la posibilidad de la existencia de verdades relativas, o sea contextualizadas. Sin embargo,  ¿Ese es el concepto de  verdad que a nosotros nos enseñaron?

La formación de las personas, fundamentalmente la  occidental, intenta que vivamos con certezas, a tal edad debemos ir al colegio, con la certeza que es el tiempo de aprendizaje, a tal edad debemos casarnos, con la certeza que es tiempo de ser padres, día a día nos debemos levantar a tal horario, con la certeza de llegar a tiempo al trabajo, comemos esto o lo otro, porque tenemos la certeza que nos dará fuerza o vitalidad, elegimos una carrera universitaria, porque tenemos la  certeza que tendremos éxito o  dinero…..

Las  certezas tranquilizan, y por eso, desde que somos pequeños y comenzamos a tener contacto con ideas y valores fundamentales, la verdad pasa a ser la madre de todos ellos, y eso lo demuestra la evidencia que ella  ha sido buscada por la mayoría de los pensadores.

Debido a la aparición de este virus, la incertidumbre se va apoderando de nuestras vidas…….. ¿Cuánto durara la cuarentena?, ¿me quedare sin trabajo?, ¿los barbijos sirven? ¿Nos vamos a morir?….

Preguntas, que como vemos en las redes, medios, etc., tienen diferentes respuestas, y tan opuestamente concluyentes, que lo que más aumentan son las  dudas  e inseguridades.

Siento que estaría interesante cuestionarnos si la sobrevaloración de la verdad absoluta en nuestra sociedad, no es un mecanismo de los poderosos de imponer “su” verdad al resto.

El poder no se ve, el poder se ejerce y a lo sumo podemos observar sus resultados.

El poder muchas veces utiliza conceptos naturalizados como  la verdad y el bien para lograr sus cometidos. Nos enseñaron que  la verdad  está del lado del bien, y eso me gustaría  cuestionarlo, porque en el límite podría ser peligroso

Considerar que yo tengo la verdad y que entonces estoy del lado del bien, implica directamente que ese otro, el que piensa distinto,  es por lo menos un ignorante o un mentiroso por pensar de otra manera….y es digno que lo eduque o evangelice, pero lo peor, es que ese otro pasa a estar del lado del mal, y el mal es un enemigo que hay que  eliminar….y perdón que lo diga de esta manera , pero los autoritarismos del bien son tan perjudiciales como los autoritarismos del mal.

Esta reflexión apunta a ver una oportunidad en la incertidumbre, para que en cada momento, y especialmente en este, donde tenemos una enorme cantidad de argumentos esgrimidos como verdad, abramos los ojos y cuestionemos, sin dar nada por certero

Ese ejercicio nos va permitiría en base a todo lo recibido por las diferentes fuentes de información,  sacar la conclusión de que la verdad absoluta no existe, y que entonces,  debemos luchar argumentativamente contra quienes dicen tenerla, pero además, y creo que es lo más importante, nos hará comprender que lo más cercano a la verdad, es una idea que podría ir creciendo en la medida en que más opiniones diferentes aparezcan,  porque en definitiva, como dijo un gran pensador: “La verdad es la mentira más eficiente”, y es solo cuestión de tiempo el desenmascararla.

E.P