Reflexión de Lunes II

En estos días que no entendemos muy bien lo que está pasando  y que muchos expresamos nuestra sorpresa ante un acontecimiento no imaginado como esta pandemia, recordé un argumento que  el antropólogo   Levy Strauss  sostuvo  en Naciones Unidas, para intentar defender la diversidad de los pueblos originarios, y que a mí, me inspira como disparador para defender la diversidad en todos los órdenes.

Lo interesante del argumento, es que permitiría  a los que no los moviliza cuidar al otro por una razón benevolente, convencerlos de cuidarlo, por un interés razonablemente global de continuidad de la vida humana.

«Como sabemos, en la tierra hubo siempre catástrofes naturales que nunca pudieron ser predichas o imaginadas antes de que sucediesen, catástrofes que pusieron en cuestión a  la existencia humana….

En estos tiempos, donde el ser humano interviene indiscriminadamente sobre la naturaleza, estas catástrofes podrían precipitarse.»

Sin duda, este virus parece ser un ejemplo claro de lo expresado,   tanto,   que las certezas se derrumban como un castillo de naipes, ante las sangrientas matemáticas, que nos recuerda día a día, que somos seres mortales ante un organismo que no solo aún no sabemos cómo eliminar, sino que  ni siquiera podemos ver….

Por otro lado, Darwin  dejo claro en su libro “Origen de las especies” de 1858, que el proceso de selección natural, sin ser el único, es uno de los principales mecanismos para  la continuidad de la vida…

Este proceso, no depende de quién es el más fuerte o el mejor preparado hoy, (ya que las consecuencias de la catástrofe no se pueden conocer antes  de que la misma suceda), sino de las capacidades adaptativas a la catástrofe que generen sus habitantes luego de la misma….

Como podemos verificar con la información que nos llega, posiblemente no sean los ciudadanos de una gran ciudad o potencia económica, los que  generen esas capacidades  y que se adapten…sino, que posiblemente podrían ser habitantes de una montaña alejada, de los polos, o vaya a saber de qué lugar remoto, quienes cumplan con la condición anhelada.

Aquellos que tienen la necesidad y valentía de encarar una transformación, un cambio, un alejarse de la norma, reciben normalmente el rechazo social por querer ser diferentes, primero, porque da miedo aquello que no conocemos, y segundo, por el análisis  contrario,  porque tranquiliza la homogeneidad y la igualdad. Sin embargo,  gracias a la diversidad genética  el proceso evolutivo sigue su curso, y socialmente el intercambio con el diferente, nos permite dudar de nuestras certezas, prejuicios y condicionamientos.

Esto me hace reflexionar  hasta convencerme  de que no tenemos derecho a impedir, (incluso deberíamos apoyar)  a quienes tienen el proyecto de ser otros, ya que en esa diversidad y pluralidad está la posibilidad del futuro de la especie, porque entiendo, que intentar ser diferente no es un derecho, sino una necesidad de la humanidad toda.

 

Eduardo Peluso  30/03/2020