La falda del escocés

Maricarmen Diez Tomasetti

Eximia pedagoga de Alicante

Esta mañana Sofía ha comentado que habían venido a Alicante “muchos chicos de otro país que llevaban falda”. Varios niños los habían visto y yo también. Les he dicho que eran escoceses, que muchos de ellos eran pelirrojos, y que les gusta bastante la música. De pronto me ha venido al recuerdo un reportaje que vi en la televisión en el que salía un grupo de escoceses, que explicaban que su costumbre era no llevar ropa interior debajo de la falda… Y se lo cuento a los niños en tono de broma:

–     ¿Sabéis que las faldas de los escoceses se llaman “Kilt”? ¿Y que, según contaban en la televisión una vez, no llevan calzoncillos?

–     Entonces, ¿qué llevan? ¿bragas?

–     No, no llevan nada.

–     ¡Uy, uy, uyyyyyy!…

–     Pero ¿y si hace viento? Se les vería el culo.

–     Sí.

–     A mí me da mucha risa.

–     Y a mí.

–     Lo que pasa es que no estoy del todo segura de esto que os he comentado, porque en la televisión a veces se equivocan y dicen cosas que no son verdaderas. Así que habría que comprobarlo. Si lo contáis en casa, a lo mejor vuestros padres pueden averiguarlo.

–     El mío seguro que puede, él siempre está entrando a Internet.

–     Y mi abuelo, que está siempre en el ordenador.

–     Pues pedirles que lo averigüen y así lo sabremos todos.

Al día siguiente Pablo venía con aire de noticia:

–     ¡Era verdad! ¡Era verdad! Los escoceses van con el culo al aire debajo de la falda, me lo ha dicho mi padre, pero no ha tenido que buscarlo, ya lo sabía.

–     ¡Y tanto que es verdad! Como que a mí un escocés me enseñó el culo paseando por la Rambla después del partido, dijo Eva, la monitora de talleres que estaba en clase en ese momento.

Las risas nos ocuparon un buen rato. Se oían comentarios chocantes:

–     ¿Y si llevara la falda mi padre?

–     ¿Y si se le viera el culo?

–     Aquí los chicos no llevan falda.

–     ¡Los escoceses son muy divertidos!

Para aprovechar un poco más el acontecimiento hemos puesto un taller de “dibujar escoceses”, que ha resultado muy concurrido.

 

El interés sigue

 

Al cabo de unos días recibimos el ofrecimiento de la familia de Sofía de traer a la escuela a un profesor amigo suyo que “sabe mucho de escoceses, aunque vive en Nueva Zelanda”.

El invitado llega acompañado por sus anfitriones y empieza diciéndonos que todos suelen llamarle “WATTIE”, aunque en realidad se llama GRANT, que es un nombre escocés, porque su madre era de Escocia. Simpáticamente, y por propia iniciativa, se coloca a modo de falda una tela de cuadros escoceses que le habíamos puesto en la silla “para ambientar”. Y con ese sencillo gesto, nuestro amable visitante se gana la atención de todo el grupo, disponiéndose entonces a responder a las preguntas que le van formulando los niños.

–     Cuéntanos cosas del culo de los escoceses.

–     ¿Nos enseñas a hablar un poco de escocés?

–     ¿Dónde viven los escoceses?

–     ¿Cómo hablan?

–     Que diga YES.

–     Que enseñe el culo.

–     ¿Cómo se dice corazón en escocés?

–     ¿Cómo se dice culo en escocés?

–     ¿Y puerta? ¿Y colegio? ¿Y oficina?

–     ¿Cómo se bañan los escoceses?

–     ¿Cómo se hace teatro en Escocia?

–     ¿Los escoceses cantan?

Con una sonrisa en los labios Wattie nos explica que en Escocia los hombres llevan unas faldas de cuadros, que están hechas de un tejido de lana fuerte y muy caliente, y que cada color y tipo de estampado corresponde a un clan, porque allí las familias se agrupan en clanes. Nos dice que precisamente su nombre: “GRANT”, es el que sirve para nombrar a uno de los clanes y que en cada clan hay muchos padres, madres, hijos, abuelos, tíos, sobrinos… Cuenta que utilizaban las faldas para ir a luchar y para las fiestas, viajes o acontecimientos. En este momento aún las siguen utilizando para representar a su país, para las celebraciones y para hacer de uniforme en los colegios, porque, por suerte, ya no hacen tantas batallas como antes.

Aclara que es bien cierto que debajo de sus faldas, los escoceses no llevaban nada de nada, porque ésta es una costumbre muy antigua, y claro, en aquella época, no existía aún la ropa interior. Aquí hubo risas, bromas y gran jolgorio. Yo hice salir a Garrick, que nació en Inglaterra para probarse “la faldita”, pero se negó en redondo. Y eso nos llevó a preguntarle a WATTIE si en Escocia nadie les dice a los chicos: “chicas” al ver que llevan falda. Dijo que no, que allí siempre habían visto a los chicos vestirse con faldas y les gustaba mucho a todos.

Había una pregunta sobre cómo se decía “culo” en escocés. Se dice “BOTTON”, o en plan más familiar: “BUM” (culete). Y ante la petición de que enseñara el culo, se levantó con cara pícara la “falda”, y nos aclaró que enseñar el culo es muy habitual allí, en Escocia, pero que esto no era algo demasiado original, porque los culos de las personas son muy parecidos, sean del país que sean.

Después nos habló inglés con acento escocés y a los niños les pareció “un muñeco”, “un robot”, o un dibujo animado”. En concreto la forma de decir SÍ en escocés era tan divertida, que estuvimos un rato diciéndolo sin parar. Venía a sonar así: “OCH AI”, y nos obligaba a hacer hasta un gracioso movimiento de cabeza.

Wattie nos enseñó en el globo terráqueo la ubicación de Escocia, con ayuda de Sofía, y comentó que allí vivían unos ocho millones de personas y que sus vecinos eran los ingleses, los irlandeses y los galeses, siendo Edimburgo y Glasgow dos de sus ciudades más importantes.

Sobre la música nos dijo que en Escocia tenían una preciosa música celta, que tocaban gaitas y que se cantaba muchísimo: los niños, los padres, las familias, los maestros…, todos cantaban. Para demostrarlo, pidió una guitarra y se puso a acompañar con sus acordes varias canciones en inglés que los niños se sabían. En la clase sonó un magnífico coro “improvisado”, que me obligó a salir corriendo para ir a buscar a María, la profesora de inglés, con la intención de que participara en el magno acontecimiento de tener un experto en escoceses, que sabía tocar y cantar, además de atreverse a llevar falda…

Durante el rato que estuvo María nos dedicamos a cantar, con WATTIE como músico, ella como directora del coro, yo como escribiente y cronista, y la madre de Sofía como fotógrafa documentalista.

Una mañana agradable e interesante, que acabó con un dibujo en el que cada cual plasmaba sus vivencias de la sesión, y para el que repartí unos trocitos de tela escocesa, que dieron a los trabajos un toque muy colorista.

Los días posteriores oímos y bailamos música celta y un vals escocés: “Scottish Waltz”,  leímos un cuento escocés: El extraño visitante, que nos dejó Ariana, la maestra del año pasado, y expusimos los trabajos realizados y las fotografías que nos hicieron la mamá de Sofía y Reme, nuestra fotógrafa oficial. También hicimos poesías que rimaban con “escocés” y representamos escenas teatrales sobre “los chicos escoceses” y sus divertidas costumbres.

La vida diaria trae ocasiones que pueden incluirse en la escuela. Unas veces con resultados de aprendizaje, otras de comunicación, algunas de acercamiento al entorno dando la oportunidad para constatar diferencias entre costumbres y personas. Y, de tanto en tanto, como chispazos de diversión colectiva, de complicidad y de broma. Una escuela en la que se puede reír es una escuela en la que se puede aprender, disfrutar y estar a gusto con los demás, a pesar del cierto riesgo de que ocuparnos en estos menesteres pueda no ser entendido por algunas personas, más acostumbradas a los temas escolares típicos, como el otoño, los animales domésticos o los medios de transporte…

En mi descargo y tratando de asegurarme de que con este tema no he incurrido en ningún desliz pedagógico, voy a enumerar algunas de las ventajas, de los objetivos y de los placeres obtenidos en estos días atípicos, pero brillantes que hemos vivido en mi aula este octubre caliente.

  • Hemos intercambiado información, experiencias y averiguaciones sobre otro país: Escocia.
  • Hemos afianzado nuestra dinámica de investigar juntos.
  • Las familias han participado en la búsqueda y algunos profesores, familiares o amigos han aportado al tema: comentarios, experiencias, fotos o informaciones.
  • Hemos imaginado y fabulado en grupo, y hemos aprendido y dibujado creativamente.
  • Hemos nombrado con respeto y naturalidad que hay distintas maneras de ver a los chicos y a las chicas en unos u otros lugares.
  • Hemos incluido en el trabajo diario un acontecimiento de tipo social y cultural, abriendo las puertas de la escuela a la ciudad.
  • Los niños se han expresado libremente en torno al tema, mostrando sus dudas, curiosidades o comentarios.
  • Hemos escuchado hablar en inglés.
  • Se han tocado de pasada algunos temas importantes:
    • Hay chicos y chicas, y ambas identidades sexuales son valiosas.
    • Las informaciones que nos llegan han de ser comprobadas (aunque las diga la televisión…).
    • Antes los escoceses hacían muchas batallas, ahora menos, porque “es mejor hablar los problemas y buscar acuerdos o soluciones”.
    • No hay partes del cuerpo que no puedan ser vistas por los demás.
    • Cada niño se ha identificado con un aspecto del tema desde sus vivencias afectivas (Garrick por ser inglés, las niñas porque les gustan las faldas, Sofía por su amigo Watie …).
    • Nos hemos divertido al tiempo que hemos aprendido muchas cosas.
    • Hemos conocido una persona asequible, alegre y “experta en escoceses”, que ha ofrecido generosamente su tiempo y su vitalidad a los niños. Un buen modelo de adulto, que nos ha regalado su presencia y su saber.

Particularmente me gusta esta dinámica en la que puedo aprender al mismo tiempo que mis alumnos, asombrarme con ellos, extrañarme con ellos. Me resulta descansado y liberador percibir el currículum como un ente poroso, provocador y creativo. Aunque también me gusta pasarles información, disfrutar al verles la cara cuando descubren o prueban algo por primera vez, transmitirles pistas, y compartir con ellos trucos, recados, sentimientos o historias.

De las dos maneras estoy bien en la escuela, con las dos encuentro placer, con las dos hay cabida al soñar, al desear y al vivir la escuela abiertamente.