APRENDER A VER


por la Licenciada Isabel Boschi

La Neurociencia refuerza mediante  estudios incruentos en el cerebro  lo que grandes precursores científicos  estudiaron en la percepción  visual mientras observaban  la conducta humana.

¿Qué vemos cuando miramos?

¿Cómo percibimos el mundo que nos rodea?

¿Es innata o adquirida nuestra manera de ver?

¿Cómo hacen para vivir, aprender, ser autónomos, progresar  los no videntes?

Por los años 40 y 50 del siglo XX, la Teoría de la Forma, o “Gestalt” (en alemán, pues los investigadores iniciales fueron de ese origen) , reconocieron que nuestra manera de ver no es aleatoria sino que responde a leyes internas del cerebro.

Esas leyes precisan la similitud entre lo que vemos y los procesos cerebrales. Este material riquísimo puede consultarse en el libro de Editorial Psique, (Bs.As., 1964) “Psicología de la forma “de Paul Guillaume.

En el siglo XXI escuchamos con interés al Dr. Facundo Manes, neurocientífico  argentino, simplificando para su divulgación en el programa “El enigma del cerebro”, (Canal C5N, sábados 20.30hs.) los conocimientos recogidos por distintos investigadores nacionales e internacionales.

Entre otros resultados  los neurocientíficos comprobaron que:

  • No vemos toda la realidad que nos rodea. El campo visual está focalizado en un estrecho margen que seleccionamos según nuestro interés según  lo que deseamos ver.
  • Toda nuestra percepción visual está impregnada por lo emocional, por conocimientos anteriores, por el aprendizaje previo desde los primeros momentos de la vida.
  • El cerebro funciona de una manera integradora y las zonas del afecto inciden sobre qué queremos ver y qué no queremos ver.
  • Existe una predisposición genética para organizar la imagen, como se observa en los bebés. Pero los pequeños deben aprender el cambio de  la imagen, por ejemplo la orientación espacial, para reconocer los rostros cuando cambian  de posición  las figuras visuales. Por ejemplo. si  ve a sus cuidadores asomados a la cuna, cabeza abajo, esto  impide el reconocimiento de los que los circundan y requiere un aprendizaje de constancia visual pese al cambio de posición.
  • Los ciegos pueden desarrollar otras capacidades a partir del lóbulo occipital, sede del sentido de la vista.

LA CEGUERA Y APRENDER A VER CON LAS MANOS

A los que tenemos la suerte de ver nos guía el apasionante mundo de la percepción visual

¿Y qué los guía a los ciegos?

Mayormente el tacto y el oído.

Los ciegos españoles reciben hoy con entusiasmo que los investigadores de la Universidad Complutense de Madrid  crearon un dispositivo táctil que les permite caminar detectando más obstáculos  de las que perciben a través del bastón. (“Ver con las manos”, Diario El País, 26/8/11)

El grupo experimental pudo  reconocer los objetos ubicados a 8 y 10 metros de distancia y sentir que veían cuando recibieron el estímulo táctil mientras que la totalidad de los sujetos de experimentación, inclusive videntes, reconocieron los objetos a través del dispositivo.

BUENOS AIRES Y LOS ESPECTÁCULOS A OSCURAS

¿Qué motivan los espectáculos a ciegas?

Creo que no es ajeno a eso el reconocimiento de que cada uno debe aprender de los que tienen capacidades diferentes. Y enseñar las propias.

El respeto de la diversidad en la ley se traslada al interés por las diversas capacidades en la vida real.

Después de todo, uno mismo no ha desarrollado  sus habilidades físicas al máximo, y nadie está exento de perder algunas de ellas. Más aún: podemos  llegar a necesitar de otras alternativas de acción pidiéndolo ayuda a otros sensores no tan usuales.

La Ciudad Cultural Konex, que nos tiene acostumbrados a espectáculos no convencionales, nos ofrece la experiencia “Exhibición: Dígalo en la oscuridad”

donde cada cual es sujeto de sus propias emociones al desafiar la incertidumbre de no ver y tener que suplir con otros recursos táctiles y auditivos lo que no puede manejar con la visión.

Otro lugar con amplia trayectoria es el “Centro Argentino de Teatro Ciego”,

Ofrece una obra de teatro épica: “Luces de libertad”, sobre el tema de la colonia y su preparación para la Revolución del 25 de mayo de 1810.

La solidaridad se inicia por el contacto inicial: Ingresamos en hilera tomados del hombro como en el Jardín de Infantes.

Nos guía una voz que abre caminos en las sombras. Nos tranquiliza asegurando que nos  ubicará  en nuestra propia butaca.

Una mano cálida  y firme nos ayuda a sentarnos.

Todo es como en un sueño donde nos cuidan amorosamente.

Perdí en la total oscuridad la noción del espacio. Sin referentes visuales trataba de adivinar las dimensiones de la sala del “espectáculo”. ¿Grande como la cancha de River? ¿Pequeña como mi living-room?

Entregarse es la vivencia más intensa. A partir de allí los aromas a café, el de las masitas de canela; la frescura del viento que proviene del Río de la Plata,

el frou-frou de las sedas de los vestidos de las damas antiguas, los gritos de los vendedores ambulantes, alimentan la inquietud por ubicarnos en el espacio y en ese momento el tiempo se nos hace contemporáneo.

 

“A ciegas con luz” es una experiencia musical gourmet  con cena y “espectáculo” a oscuras, como reza en el programa impreso.

“Espectáculo” según el Diccionario Espasa-Calpe proviene del latín “espectaculum” y significa: “Lo que se ofrece a la vista o a la contemplación o impresiona el ánimo”.

La obra “A ciegas con luz” no se ofreció a la vista sino al gusto, al olfato, al tacto, al oído, brindándonos a los comensales-espectadores una comida de excelente calidad y tanta cantidad como deseáramos. Y las impresiones del estado de ánimo fueron inolvidables.

En la práctica, me intrigaba cómo iba a hallar los cubiertos y si me iba a ensuciar con  la comida. Para no inquietarnos nos asesoraba la amable azafata. Los referentes verbales posibilitaron que disfrutáramos de la cena sin inconvenientes.

Me pregunté si las bulímicas se sentirían protegidas comiendo  sin culpa  porque nadie las observaba. Podíamos comer la cesta de masa de pan  y las porciones que quisiéramos. ¡Qué libertad da la oscuridad!

Otra experiencia memorable fue conversar a oscuras con los otros comensales desconocidos.

Me sucedió en una ocasión cuando presidía una mesa en un Congreso de Sexología. Se cortó la luz y todo se volvió más íntimo. Sin concretar las omnipresentes fantasías orgiásticas, que acompañan a todos los Congresos de Sexología, nos explayamos en el habla como no lo hubiéramos hecho

con la luz prendida.

Con humor  surgió un  vínculo afectivo de comensales  pues  oírnos sin vernos tornó  al otro  relevante para confirmar que estamos allí.

Entre plato y plato  un coro acompañado por instrumentos musicales desplegaba sus canciones.

Cuando se prendieron las luces, pudimos reconocer algunos músicos ciegos juntos a otros videntes y a nuestro acomodador de la zona iluminada,

Se propusieron transportarnos a los colores de lo nuevo,  y en mí consiguieron que matizara las gamas de la vida cotidiana prolijamente encuadrada entre ejes visuales previsibles.

CONCLUSIÓN

Desestructurarse de la tiranía visual hace bien al cerebro si tenemos la posibilidad de comparar nuestras  experiencias diarias  reasegurantes, con otras nuevas sin parámetros definidos.

Con el tiempo lo nuevo se vuelve habitual

El hábito sirve para la economía cerebral pero no alerta a los sentidos para que prueben otras formas de palpar la realidad.

El cerebro pide actividad y desafío para enfrentar nuevas situaciones corporales y espirituales.

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