Amor (Un poema)

 

 

Tres mil, ó treinta mil veces, recorrí tus sueños

con la punta de mis dedos; sin destino a seguir

sin saber dónde ir, sintiendo en cada milímetro del camino

los sones de tus pliegues, armonizando el sueño

de complacer mis placeres burdos, y primitivos

cuando el aire no alcanza, jadeando, a cubrir

todo lo que necesito decir en cada lugar que percibo.

 

Incapaz, mi intelecto, de describir el propósito

de disfrutar el placer. Eros sueña con matarme

al no poder decir en amores lo que pienso y siento en sabores

del camino de fuego que enrojece mi piel, tu piel,

que no deja concluir esa tarea enorme

que en un instante derrumba la fuerza de la pasión

en la que me sumí, sin pensar, sólo sintiendo…

 

Sentir, que el corazón marchó a la cumbre valiente

y el torrente de líquido cristal, rojo, que marcaba su camino,

inundó los labios, los cuerpos, las esponjas

que ávidas de calor y presión abrieron sus alas,

curvaron sus espaldas, y dieron vida al irrefrenable deseo…

Pleno. Vencedor. Brillante… Levantó su mirada al cielo

y en la batalla del ensueño… dejó caer su cuerpo vencido,

por el amor, por la pasión, por la locura de la razón.

 

Y la diáfana locura de placer que había nacido hace un momento

dejó sentir la seda que envolvía aquel instante

tendido, en la arena gladiadora y palpitante

de destellos rojos y brillantes, de vapor que brotaba

de sonidos que buscaban un lugar en aquel cuadro, aún jadeante,

que moría entre nubes negras y rosadas, mareado por instantes,

de pasión, de amor y de locura…

 

Placer. Que me diste placer…

Goce. Que arrancaste mi grito triufal…

Pasión, no me dejes jamás.

En amor he nacido y en el moriré

Sólo pido entender que en él vivo, y,

Cuando de el no haya atisbos

dejaré, para alguien que pueda,

lugar para vivir sin el….

Marcelo Lemus

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