¿…Y AHORA QUIÉN  ENSEÑA?

Sin duda en estos últimos tiempos, la mayor parte de nosotros nos vimos conmovidos a causa del tratamiento de la ley del aborto.

A propósito del tema, como el viejo docente que soy, reparé algo atónito en el devenir de los  comentarios referidos al tan vapuleado tema de la educación sexual, cosa que me hizo recordar alguna experiencia vivida.                                                                              Si me permiten, y me perdonan lo autorreferencial, les contaré una vieja anécdota:

 Cuando comenzaron a aparecer  casos de S.I.D.A. en nuestro país y aún no se conocían recursos terapéuticos seguros para combatirlo; las autoridades educativas que no  se podían quedar de brazos cruzados (más bien de boca cerrada) decidieron que en las escuelas se tratara el tema. Significaba que por este desgraciado motivo era inevitable introducir el tema de la sexualidad a las escuelas, colegio e instituto., Fue pasar del “de eso no se habla” al “algo hay que decir” Eso sí solo de la “prevención”, aunque en principio tampoco se le daba tanta importancia porque para gran parte de aquella sociedad pacata “la peste rosa era un problema de homosexuales”. Pero como el problema  comenzó a agravarse, hubo docentes audaces que se atrevían a tocar el tema, contaron lo que sabían, que era muy poco,  mezclando en sus discurso seudociencia, con  prejuicios, dogmas, mitos y tabúes propios  y ajenos, con un resultado deplorable en muchos casos.  Esto pasó a consecuencia de haber sumado  a los temas educativos un nuevo campo de conocimientos, sin haber formado previamente a los educadores. ¡Viva la improvisación!

 

Volviendo a la actualidad;  Es de destacar que a consecuencia del controvertido debate que se instaló entre los legisladores, así como entre el común de la gente; los adherentes a ambas posturas, tanto a favor como en contra de la ley coincidieron “extrañamente” en un punto: la imperiosa necesidad de impartir educación sexual como un medio fundamental para combatir el “flagelo del aborto”, sobre todo entre los más carenciados.

¡Aleluya! Por fin muchos recordaron que hay una Ley de Educación Sexual  Integral 26150, (que, como tantas otras, no se cumple).                                            Es notable como antiguos opositores y detractores de esta  ley nacional, (entre otros las comunidades religiosas), tuvieron que dejar de hacerse los distraídos y asumir que ley existe desde hace 12 años y que es obligatoria en todos los niveles de enseñanza.                                                                                                     ¡Muy bien! Parecería que por fin estamos todos de acuerdo en la importancia formativa de la educación sexual.

¿Pero los dos grupos antagónicos cuando hablan de educación sexual hablan de lo mismo?                                                                                                                 Ahora, pasada la tormenta en la que los senadores de la nación nos han enfrentado con la catastrófica realidad jurídica del país, temo que  una vez aquietadas las aguas de la disputa, todo siga  como hasta ahora. (Ojalá me equivoque)

Ante  esta posibilidad me surge una serie de  preguntas: ¿Se pondrá en práctica realmente la Ley de Educación Sexual o se continuará con una aplicación inconsistente o casi nula en algunas regiones del país?

En el hipotético caso que se decida enseñar Educación Sexual seriamente en todo el país; ¿Quiénes van a ser los educadores capacitados? ¿médicos/as en general? ¿Ginecólogas/os?  ¿Pediatras? ¿Psicólogos/as?  ¿Juristas?   ¿Biólogas/os? ¿Asistentes sociales? ¿Representantes de los distintos credos?  (Algunos hasta con votos de Castidad)

No pongo en  duda  la capacidad de estos u otros  profesionales de  sólidos conocimientos específicos. Sus palabras pueden ser un gran aporte a nuestra educación; pero  me consta que en muchos casos su visión es  parcial y  frecuentemente, con  limitados recursos didácticos.               Como es sabido en muchas instituciones educativas suelen utilizar como recurso formativo, el convocar a aquellos expertas/os  para dicar esporádicas conferencias o breves cursos y en el mejor de los casos, a conducir  aisladas jornadas o talleres con participación abierta. Loable esfuerzo, pero creo que es insuficiente para  implementar una formación sólida, sistemática y específica a de los educandos. Otro recurso muy en boga es tomar un nuevo campo de conocimiento (como es la educación sexual) y generar su estudio como tema trasversal en el  sistema. Este método es válido  de ser aplicado con personal experimentado en trabajo en equipo, directivas muy claras y supervisión constante. De no hacerse así, se trasforma en el juego “total que hable el otro” o “sobre el tema digo lo que quiero”                                                                                                                      Tal vez en el nivel pre escolar y  primario se continúe asignando  el rol de educadores en sexualidad  a las maestras y maestros actuales con algún breve curso de capacitación como se está experimentando en el presente.

En la enseñanza media y en la superior docente, quizás se asigne la tarea a profesores/as  de la planta actual tales como; los de  biología, de psicología, de filosofía, de ciencias sociales, etc.; sin duda  asignaturas relacionadas con distintos aspectos de la sexualidad pero sin el concepto globalizador que se requiere. Por cierto, también están los sexólogos educativos y los sexólogos clínicos, (formados en el ámbito privado),  muchos de ellos  son los mejor preparados en el campo, pero, por lo que me  informan, no tienen pleno reconocimiento profesional en el sistema educativo oficial, además no todos tienen capacitación docente.                                                                                                                   Dejo constancia que entre ambos, profesionales al tema y educadores de distintos niveles, sé que hay muy honrosas excepciones, que reúnen toda la capacidad requerida, pero éstos son poco numerosas como para modificar el statu quo actual.                                                                                                                                 Más allá que sin duda cada uno de los mencionados pueda aportar saberes o criterios valiosos sobre el tema sexual,  tengamos presente aquel enunciado que dice: “el todo es más  que suma de las partes”.

Esto en  educación significa que, un docente es  mucho más que un bagaje de conocimientos específicos.                                                                                    A mi entender; en  el caso de la formación de Educadores Sexual este principio se potencia, ya que a ellos les será imprescindible compenetrarse de los saberes de cada uno de los idóneos mencionados. Pero además y ante todo deberán tener, una mirada sensible y desprejuiciada, férreas convicciones personales, sensibilidad para percibir al otro y su universo, espíritu investigador, capacidad para  comunicar tanto conceptos como ideales y percibir sentimientos, así como un inequívoco compromiso con su labor.  Teniendo como premisa que, la Sexualidad está  presente, de una manera u otra, en cada actitud, en cada hecho de la vida humana, en la ajena como en la propia.

Por todo lo expuesto, a mi entender, es imprescindible que el estado crea una sistema formativo específico  para la Educadores Sexuales; orientado no solo a la capacitación de docentes  en los distintos niveles de enseñanza de nuestro sistema, sino también para toda otra instancia de divulgación cultural en el país. Con un mensaje claro, en lo científico y en lo social,  adecuando a las peculiaridades de las diversas comunidades que  conforman nuestro país.

Sé que en nuestro contexto actual estas ideas parecen por ahora solo una quimera. Esperemos al menos, que en esta oportunidad no repitamos errores  del pasado. Luchemos por ello.

Alejandro Ferreiro

8/2018