Pink

Si bien fue ella quien se alejó de su propio mundo, dejando atrás a su pareja para nunca más regresar, se sentía vacía, triste y con sentimientos de ira.

El haber tomado esa decisión la llevaba a vivenciar tres experiencias totalmente disímiles y nuevas: el alivio por pensar que su actitud había sido la correcta, esa sentimiento la hacía volar…como si ya no tuviera peso; la fuerza que creía no tener como mujer, una sensación inmejorable de independencia total; y por último experimentó la impotencia que inundaba todo su cuerpo de ira y de violencia queriendo vengarse por haber tenido que abandonar su hogar.

Los primeros días lejos de su casa fueron los más difíciles, los pasaba yendo a sus clases de canto, a la universidad y tratando de reencontrarse con viejas amistades, las cuales había dejado de lado por su hombre, simplemente para ponerse debajo de él y cambiar su círculo por el amor de un hombre que hoy la había defraudado.

De pequeña siempre había leído cuentos de príncipes y princesas, en los que ellas eran desdichadas, estaban tristes y desoladas y llegaban ellos, tan hermosos y fuertes que hasta la niña más pequeña quedaba enamorada, cuentos en los que los finales eran idílicos con princesas que necesitaban la salvación de un príncipe, como si ellas no pudieran hacerlo por sus propios medios.

Hoy esos relatos habían quedado guardados en el baúl de la casa de su madre, una mujer de pocas palabras que había logrado ser una gran influencia en la crianza de su pequeña.

Ahora su madre ya no estaba para poder ver a su niña convertida en mujer, seguramente, desde el cielo, este ángel la estaría guiando.

La relación con su padre siempre había sido bastante correcta, pero una vez que decidió dejar a su marido, la situación cambió de la noche a la mañana. Su padre era una persona muy tradicional al que todos querían y respetaban en el pueblo, tenía poder y ocupaba los más altos cargos políticos del lugar, había criado a su hija para que se casara con un buen hombre, tuviera hijos y se dedicara al hogar. Para él la huida de su pequeña de su hogar matrimonial fue una gran decepción.

Nunca imaginó que su niña era más parecida a él que a su madre, se sentía todopoderosa e independiente y tenía la fuerza, que no tuvo su mamá, para alejarse de todo lo que la dañaba.

Su primer hombre, su único hombre se lo había presentado su padre, era un joven muy apuesto que trabaja en la intendencia del pueblo, había comenzado como cadete y fue subiendo puestos de la mano del padre de ella, quien lo protegió como si fuese su hijo, claro, no solo estaba dejando un sucesor sino también un esposo para su hija.

Siguiendo las tradiciones de la época y sin la mínima injerencia de su esposa, presenta a su hija con su protegido, al poco tiempo se casan y van a vivir a una hermosa casona que les cedió su padre, llena de flores, arboles frutales y hasta un lago, un espacio soñado para cualquier persona, menos para ella…

El estar tan lejos de la ciudad la perturbaba, sentía que había sido puesta ahí para seguir la misma vida que su madre, ser esposa, criar hijos y dedicarse a la casa, siempre sin desviarse en lo más mínimo del camino.

“Me sentía sola, triste, lejos de mis amistades, todos creían que estaba bendecida por tener lo que muchas mujeres soñaban, pero yo no me sentía tan afortunada. Mi mundo era distinto al que aparentaba ser, pasaba los días con un nudo en mi garganta que apenas me permitía tragar bocado, cada vez estaba más flaca, había ido perdiendo a mis amistades y ya iba poco a la universidad (algo que siempre fue una pérdida de tiempo para mi padre, él decía que podía enseñarme todo lo que necesitaba saber). Por suerte había podido rescatar algunos de mis libros, mis cables a tierra, los que me permitían sentirme viva, una colección rica que le habían  ido regalando a mi padre y que él nunca había logrado leer debido a su trabajo”.

Esa vida no era para ella, sus relatos nos dejan ver su angustia, pero la pobre no conocía otra vida, todas las mujeres cercanas a ella pasaban sus días de la misma forma.

“Ya desde la noche de bodas comencé a sentirme menos, nuestro primer encuentro carnal no fue como lo esperaba, yo no tenía miedo, me sentía segura y dispuesta a disfrutar de aquel momento, pero éste duró apenas unos minutos, él sobre mí… aplastándome, apenas podía respirar, me sentía chiquita, impotente, menos”.

Los cuentos que ella leía se fueron desmoronando con el correr de los días, pensó que ella y él eran iguales; pares; amigos; confidentes, pero para su esposo las cosas no eran así. Esos sentimientos la hicieron comenzar a odiar a su marido y a no entender a su padre que siempre estaba del lado de él, pero muy lejos de entrar en depresión se dedicó a leer día y noche, dejando de lado su rol marital y hasta negándose a tener relaciones con su esposo. Faltaba solo un año para las elecciones a intendente en el pueblo y se suponía que darle un hijo a su esposo lo iba a posicionar en un lugar de ventaja con respecto a sus adversarios, muy lejos estaban de lograrlo…

A pocos meses del casamiento, ella le dejó una nota y se fue.

Querido, te supe amar mucho, lejos quedaron los tiempos en los que andábamos como dos gacelas noviando, cuando ninguno de los dos tenía compromisos, cuando nos creíamos libres y no estábamos ocupando nuestras mentes en pensar qué dicen de nosotros: mi padre, el pueblo y los que vendrán, cuando no te preocupabas por ser parte de la historia y solo éramos vos y yo.

Atrás quedaron esos tiempos y con ellos mis ilusiones, hoy me siento una nena tonta que se ilusionó con una fantasía, con un cuento de hadas de los que adoraba de niña, pero ya no soy una niña, soy una mujer. Una mujer desilusionada, desdichada y estoy segura que esta vida no es para mí, creía que éramos iguales pero hoy me siento menos y sabes qué… ese sentimiento lejos de deprimirme me enfurece y me da alas para volar y alejarme, volar tan alto hasta llegar a mi madre o por lo menos a estar un poco más de cerca de lo que estoy hoy de ella.

Vos y yo somos iguales, toda esa fuerza, valentía y poder que los demás ven en vos yo también la tengo y siento que si me quedo acá va a ir muriendo y no quiero que eso pase.

 Te amé, pero ya no te amo, por eso te suelto, ME SUELTO.

Tu amada.

 

Como si el espíritu de su madre se la habría llevado, desapareció sin dejar más que una carta y por más que sus amigas intentaron convencerla, ella estaba decidida a dejar su pasado atrás.

Al poco tiempo de haberse ido toda esa fuerza que la había llevado hasta ahí se transformó en ira y en sentimientos profundos de querer vengarse, no solo de su esposo, por haberla hecho sentir así y por haber tenido que abandonar su hogar por la culpa de él y su egocentrismo, sino también de su padre quien, pensando solo en el poder hizo creer a todo el pueblo que ella había muerto y nunca más se la nombró. Fue como si la habrían borrado literalmente y metido en su baúl de recuerdos.

“Hasta mi padre tuvo el tupé de presentarle una nueva mujer a mi esposo, una hermosa dama, tan linda como sumisa, una esposa que pudo darle tres hijos: Caín, Abel y Set, una mujer que pudo lograr que tanto ella como su esposo y mi padre quedaran inmortalizados para siempre en la historia, como parte de esta y a mí como consecuencia por haberme amado a mí misma más que a mi esposo se me condenó a las sombras, pero este cuento no ha acabado”.

 Aún vivo Lilith 4004 A.C.

Celeste Caldaroni