Pájaro pintado 2

En realidad empecé a estudiar música por Laura. En esa época tenía un amigo con quien intentábamos sobrevivir vendiendo jeringas descartables en hospitales. Álvaro era buen vendedor, tenía mucho empuje. Iba al frente con la gente de compras, pero le gustaba tomar.Quizás una cosa vaya siempre con la otra. No se podía quedar quieto. O iba y venía vendiendo y sumando pedidos, o paraba después de las siete de la tarde, para juntarse con Miguel, y siempre estaban tomando algo. A veces iba yo también. Álvaro estaba saliendo con alguien, pero no me puedo acordar el nombre. Digamos Graciela. Ella estudiaba inglés en un profesorado muy caro, enseñaba en un colegio, y también tomaba clases de traducción con un especialista. Contaba que el tipo vivía solo, y una vez, cuando le pide ir al baño, ve que tenía todos pedazos de jabón usados. Juntados y pegados unos con otros. Dijo que eso le había caído mal y que el tipo era un X.  Eso me dolió. La tipa era prepotente. Yo había estado en la casa de ella, en Belgrano. Era una casa grande, antigua, con patio y todo eso. Tenía como 4 hermanos varones, y quizás por eso, estaba tan pasada. Se ve que le habían estado dando cuerda toda la vida y estaba que se salía. El padre era un violento contenido. Una vez que estábamos en el patio, empezó a sonar una alarma. Era el auto de un hermano estacionado en la puerta. Todos salimos afuera. Le habían robado el pasacasete y no va el tipo y se sube y los quiere ir a buscar y me dice a mí que lo acompañara. Todos estaban mirando y tuve que subir. El tipo, creo, tenía un revólver, no sé. Por suerte no encontramos nada. Esa era la familia. Pero eso fue después. Yo no la conocía a esta Graciela, y un día Álvaro, como sabía que usualmente me encerraba sábados y domingos, me avisa que Graciela tenía una amiga que justo  se había peleado con el novio y estaba mal, y que querían salir a tomar algo. Fuimos,Cuando la vi salir a Laura, me hizo acordar a esos presos que salen del patrullero mirando para abajo.  Quizás había estado llorando, pero enseguida se puso simpática y nos sentamos en un bar  cada uno frente al otro. Yo frente a Laura, y Álvaro frente a la chica que no me puedo acordar  el nombre. Ya me voy a acordar .  Y resultó que a Laura, igual que a mí, se le hacía, sino  insoportable, al menos muy cansador en no dejarse llevar por la sinceridad  Pero tanta sinceridad chocaba con las pretensiones gigantistas de quién llamamos Graciela. Y para peor, a  Álvaro, lo mejor que le salía era empujar, y allí quieto, en esa charla, en esa mesa, se sinceró también,  y entonces ellos se empezaron a pelear. Con Laura hice conexión al instante, hasta que hablamos de Nebbia que era mí ídolo, y también el de su ex-novio. Eso fue demasiado para esa mesa y paramos. Ella se puso a hablar con Álvaro de palabras raras de navegación, porque  Álvaro  tenía un velero con un amigo, y ella,  Laura, iba cada tanto a un club, no sé en donde,  también a navegar. Yo mucho con Graciela no me llevaba, pero enseguida empezamosa jugar a unas adivinanzas, hasta que la pelea de ellos se hizo inaguantable y nos fuimos.Es que Graciela, o como se llamara, no soportaba que a Álvaro no le interesara nada de lo que ahí se hablaba. De lo que ahí se hablaba, y de lo que se hablara en ningún lado. Me tocó llevarla a Laura. Me habían prestado un auto y, por Cabildo,  antes  de llegar a Congreso, ella quiso comprar cigarrillos. Cuando volvió quiso prender uno y empezó a llover. Empezó  a llover una barbaridad. No puede creer lo  que llovió en ese momento. Fue de verdad impresionante.  Quedamos abrazados no sé cuánto tiempo, y cuando nos separamos ya era de día.  Abrazados sin darnos un beso, sin hablar, sin decir nada. Yo hacía 1000 años que no estaba con una mujer, así, de esa manera romántica. Nos despedimos también sin decir nada. No. Me  acuerdo que ella dijo ‘“… nosotros sí que la pasarnos bien…“. Ella estudiaba Medicina. Si hubiera estudiado música o cualquier otra cosa así, quizás hubiera sido distinto. La cuestión es que salimos un par de veces. Y yo, que no había estado así desde hacía  1000 años, me hice una gran historia, una gran película, como se dice. Ella no. Yo la impresioné  mucho en un primer momento. Un día fuimos a comer a Pipo o uno de esos de Montevideo. Creo que el que está en Cangallo y Montevideo. No me puedo acordar el nombre. Era el 86. Yo tenía 34 años y ella creo 25. Ese día la impresioné mucho contándole historias de cosas que ella no conocía. Cuando volvíamos, después de todo lo que yo había hablado, quizás ella pensó que era un “personaje”, y empezó a decir algo como que después de haber pasado tantas cosas, yo era una especie de.., y la interrumpí  diciendo “ …. pero,  no ves que soy un imbécil?..” ,haciendo un gesto con la mano. Eso la terminó de impresionar. Lo dije sinceramente, pero la verdad es que ya se la había escuchado a otra persona. Después no supe cómo mantener ese ritmo. Cómo ir impresionándola todo el tiempo. Ella estaba  bien con sólo estar, mientras que yo tenía siempre que estar inventando algo nuevo o raro.
Creo que a la vez siguiente me tomó el tiempo, y su interés empezó a decaer. Me dijo que se había arreglado un poco con el novio. Me empecé a desesperar y escribí algo extraordinario que se lo llevé a donde ella trabajaba. Seguro que le gustó. Pero era algo extraño. Estaba bien, pero hablaba de alguien que buscaba un regimiento, del que se había desprendido en algún momento  y no lo podía volver a encontrar desde hacía mucho. Después decía que en realidaden ese regimiento había habido tan solo un amigo, que los demás eran sólo conocidos. No meacuerdo bien. No me acuerdo bien ahora porque no guardé ninguna copia. Había sido escrito para ella y me parecía miserable sacarle una fotocopia, como si lo escrito hubiera sido demasiado bueno como para que la trascendiera. Pero era obvio que yo no iba a poder sostener en los días cotidianos que irían a venir,  lo extraordinario de lo que ahí decía. Ella se dio cuenta. Se dio cuenta que iba a ser difícil todo eso.  Y me dio el teléfono de una amiga para que la llamara. Me dio el teléfono de esa amiga como respuesta.  Como respuesta a todo eso que yo le había escrito. Y se arregló con el novio que era músico. Que estudiaba violín. Desde ese momento quise estudiar música.  Ese tipo sabía algo que yo no sabía. Después lo dejó y se casó con un médico, creo. No estoy seguro. Si hubiera estado estudiando otra cosa, pienso que aún estaría con aquél novio violinista. Cómo hubiera hecho para poder estar en el infierno de medicina y después estar conmigo, o con el novio violinista, no lo sé. La última vez que hablé con ella por teléfono, me dio el número de esa amiga. Yo colgué  y la llamé. Se llamaba Andrea. Creo que ya Laura me había dicho que trabajaba en Fabricaciones Militares. Empezábamos mal. ¿Cómo se puede estar en Fabricaciones Militares todo el día, y después estar conmigo? Salimos con Andrea. Fuimos a tomar algo. Pedí un whisky y a ella no le gustó. Quizás pensó que no necesitaba ese whisky. Que ya de por sí, yo parecía bastante desestructurado. Aunque en esa época yo me movía, o trataba de moverme, más rígidamente, igual pensó que nada bueno podría salir de esa bebida en mi vaso, o de un vaso así en una mano como la mía. Charlamos, y en un momento me pareció ver en sus ojos que estaba mintiendo, y que ella se había dado cuenta también que yo lo había percibido. Pero no fue maldad. Quizás sacarse una máscara, descongelarse, y, desde ese momento, en 2 años, no volvió a mentir. Mentir en el sentido así, tan evidente. Lo bueno que tenía Andrea era que salía de trabajar y siempre quería que nos viéramos. Siempre estábamos tomando un café. Nunca vi una cosa así. No vivíamos ni cerca ni lejos. Yo en Larrea y Mansilla y ella frente al Hospital Militar. Pero todos los días tomábamos un café 2 horas, y era raro el día que no nos veíamos. Eso habla muy bien de ella. Pero como todavía era joven, no se había dado cuenta que siempre hay que hablar por hablar, y un día quiso decir algo. Dijo que yo era como un pájaro pintado de un cuento que ella había leído.

Un pájaro al que Dios, así me lo contó ella, le había pintado las alas, y que entonces, los otros pájaros de la bandada, al verlo distinto, ya no lo aceptaban . Y no sólo no lo aceptaban, sino que lo rechazaban. Me dijo que no se acordaba el nombre del libro .Yo estaba seguro que no lo había leído, que se lo habían contado. ¿Cómo no se iba e acordar el nombre del libro, o del autor?. Pero no me hizo ninguna gracia. Es más. Yo lo sabía . Era 1967. Hacía 11 años que sabía que era algo así como un pájaro pintado. Que me habían pintado las alas, o que se me había caído un tarro de pintura encima. Lo sabía de sobra.  Lo sabía mejor que ella. Ella tenía a ese pájaro 1 o 2 horas por día, mientras que yo 24 horas. ¿Cómo no iba a saberlo?. No me sorprendió, igual no me gustó. Hacia esos 11 años que sé sólo ir hacia adelante, con o sin pintura. No me inmuté. La había visto venir. Por eso no me inmuté. Entonces fue cuando pensé en decirle todo eso. No sé si le dije todo. No me acuerdo. Algo le dije. Pensé en decirle que sí, que era un pájaro pintado. Que yo era un pájaro pintado. Y que como la bandada no me aceptaba más por estar pintado, me había dedicado desde entonces, como nadie, a estudiar a la bandada. Y entraba y salía, y volaba a través de ellos, A veces volaba  con ellos 5 minutos, 10 minutos, hasta que se daban cuenta . Iba y venía, entraba y salía. Y por conocer el adentro y el afuera, conocía más de la bandada que todos ellos juntos. Pero no era cierto. No era verdad. Quizás sí lo debo haber creído en un principio, pero después vi que no era así. Pensé en algún momento que con todo ese ejercicio, toda esa práctica, ese entrenamiento, habría podido algún día llegar a ser algún tipo de líder, o alguien que moviera los hilos desde las sombras, desde la intriga, desde la astucia. Como un consejero oculto. Pero eso tampoco era cierto. No creo que se pueda. Se puede pensar, pero cuando se actúa todo sale distinto, todo se complica, y uno siempre se tiene que aislar para cuidarse. Lo que se cree entender un día, al otro todo es distinto a como se pensó. Tampoco son ellos todos iguales. No son una bandada uniforme ni mucho menos. Además hay muchos pájaros pintados como yo.Muchos. Pájaros cansados también. Les cuento todo esto por el martes me llamó Luz y fuimos a comer y hablamos de cine. Le dije que hacía 1000 años que no iba. Y que la última vez que había visto algo que me había gustado, fue Desde el Jardín, con Peter Sellers,  que la habían pasado en un ómnibus de larga distancia, en México. Que siempre pasaban basura, pero que cuando la vi, sentí que era lo mejor que había visto en mi vida. Sobre todo el final en el que Peter Sellers se aleja de todos los que estaban en ese entierro, solemnes, en el parque, y va y se mete con los zapatos en elagua de ese laguna, y clava el paraguas para ver si era muy hondo, aunque se tenía que haber dado cuenta, porque el agua ya le llegaba a los tobillos, o casi a las rodillas. Sentí, yo estaba viajando en ese momento, que mi viaje era algo así. Era un poco también ir con los zapatos mojándome los pies, caminando encima del pasto, pisando el agua. Igual que Peter Sellers, yo me había ido alejando de todas esas personas que estaban rígidas, esperando que terminarala ceremonia. Luz me dijo que Jerzinsky se había suicidado. Que a ella le había gustado muchoPájaro Pintado, pero que era terrible. Que el tipo, Jerzinsky, era siniestro. Y que Pájaro Pintado eran unos chicos que se dedicaban, como juego, a cazar pájaros y a pintarles las alas, paraque después la bandada no los quisiera aceptar. Yo me dije, “ por fin sé de dónde viene el cuento aquél ”. Y le dije que me había comprado uno de Jerzinsky que no era Desde el Jardin, y que lo había tenido que tirar porque me había asustado.  Ella dijo que Desde el Jardín era lo más suave de Jerzinsky. La dije que había leído que jugaba al polo en Estados Unidos. Ella me dijo que a los 5 años había estado en un campo de concentración  nazi, y que la familia le había perdido de vista, había sufrido mucho. Le dije que el tipo viajaba mucho y sacaba fotos de todo. Que así decía la contratapa.

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