Nuestro pobre repertorio erótico por Rocío Fernández Doval

TOMAR CUERPO

Nuestro pobre repertorio erótico

Lunes 20 de Abril de 2015 Hs.

 

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l sexo oficial sigue siendo el predominante,opina Fernanda Spessot.

Ríos de tinta en bits han corrido este último tiempo a propósito de Grey, las 50 sombras, los tres libros y la ansiada película que se estrenó a mediados de febrero. Leímos análisis y críticas desde diversas perspectivas; vimos fanatismo y repudio, pero sobre todo, oímos un grito ensordecedor: qué aburridos y aburridas estamos, sexualmente hablando. Hace unas cuantas décadas, alguien en Francia –Michelle Foucault– dijo algo que vale para casi todo el mundo occidental y hasta nuestros días: el sexo no es un tabú, es un orden de control. Se ve y se vende sexo –o cuerpos sexualizados– las 24 horas del día. Pero hay una palabra que nadie dice: placer. Esto quiere decir que, en realidad, sigue siendo tabú todo lo que está por fuera del sexo oficial.

La que lo explica apasionadamente es la Lic. Fernanda Spessot, psicóloga, terapeuta sexual y formadora en sexología educativa junto a su madre –la también reconocida sexóloga educativa, Silvia Darrichón: “Cualquier práctica que vaya por fuera del coito –que es la penetración pene-vagina– genera escándalo, es perverso”.
–¿Más vale malo conocido?
–Desde mi perspectiva y mi humilde experiencia en el consultorio, la gente en general tiene un repertorio erótico muy pobre. Tiene una vida sexual muy aburrida. Entonces, un libro mal escrito, horrible, que dice cuatro cosas que pueden despertar la imaginación y la fantasía, arrasa con todo”, dice Fernanda, de modo contundente.
–¿Por qué creés que está tan empobrecido ese repertorio erótico?
–Si bien parecería ser que estamos mucho más liberados, que hay una sobreexposición de mensajes sexuales y demás, el sexo oficial sigue siendo el predominante. Sexo oficial es: en el marco del matrimonio que, además de que es un acuerdo, un negocio, una empresa, es monogámico, heterosexual y coitocentrista. La norma es esa. Y allí, la fantasía no está permitida, menos todavía en las mujeres. El sexo placentero tiene que reunir las dos F: las técnicas de fricción –para lo cual hay que conocer la respuesta sexual, el cuerpo, saber qué nos gusta, qué no– y la fantasía. Sin fantasía el sexo no es una práctica lúdica, es una práctica mecánica, lo que termina aburriendo a todo el mundo. Yo insisto en que, así como se debería enseñar a masturbar en la escuela, también habría que habilitar a la fantasía. Hay bastantes estudios en relación a esto: por ejemplo, la fantasía más frecuente en las mujeres es la de una relación lésbica.
–Las mujeres, desde pequeñas, experimentamos con nuestro cuerpo de igual manera que los varones. ¿Qué es lo que genera que el tema masturbación femenina sea mucho más difícil de hablar? 
–Es represión. Hasta el día de hoy en las escuelas se sigue enseñando que las mujeres tenemos vagina y no que tenemos vulva. Imagináte hablar del clítoris. Quien lo explora es siempre en la clandestinidad. Hay muchas mujeres que no saben que existe. Y es el único órgano que se conoce que sirve solamente para el placer, que no tiene otra función. Los labios menores también son un órgano eréctil y sufren una serie de cambios ante la respuesta sexual. Parecería ser que lo único que tenemos es la vagina, que es un orificio virtual que tiene terminaciones nerviosas únicamente en los –aproximadamente– primeros cinco centímetros, y nada más.
El sexo oficial huele más a fines reproductivos que a placer por placer. Todo lo que va quedando por fuera de él ha sido enviado por mucho tiempo al terreno de las llamadas parafilias o perversiones, de las que tanto habló Freud; entre ellas: el sexo oral, la masturbación, las relaciones homosexuales y todos los etcéteras que se nos vayan apareciendo. Esto, de algún modo, persiste en el imaginario social aún hoy, explicando la concepción estrecha que tenemos en relación al disfrute.
–Por otro lado, se percibe a la cultura sado –por ejemplo– como una desviación, una perversión. Sin embargo, es interesante lo “normada” que está la práctica para quienes la llevan a cabo…
–Está todo consentido. Tienen reglas claras y se necesita de mucha confianza. Las personas que tienen este tipo de prácticas, parten de la confianza. Ellos dicen que es mucho más honesta una relación así que el matrimonio, porque en un matrimonio hay muchísimas reglas pero son todas implícitas. Y las de ellos son —muchas o pocas– todas explícitas. La mayoría de los problemas que tenemos en la vida –y ni hablar de la vida en pareja– es porque nos enseñaron que el otro tiene que adivinar lo que yo quiero, lo que me gusta, qué botón tocar y todo eso. Y la verdad es que no hay botones.
–¿Conocés en Paraná alguna movida de personas que promuevan otras prácticas sexuales?
–No. Debe haber pero no conozco.
GALERÍA
–¿Y los sexshops, qué oferta tienen?
–En Paraná hay uno solo en este momento, que depende de uno grande de Santa Fe, en calle Belgrano. Y tiene todas cosas bastante tradicionales, no hay muchas alternativas. Tampoco hay mucho permiso: la gente que entra a un sexshop lo hace casi de gorra y de lentes. Imaginate que si no nos animamos a la fantasía, estamos lejos de los juguetes. A lo sumo se va comprar chupetines con forma de pene para una despedida de soltera.
–Siempre penes…
–Las vulvas no existen. Si no la podemos ni nombrar, imaginate hacerla de caramelo.
–Tengo la sensación, además, de que los juguetes sexuales están pensados muy heterosexualmente…
–No, hay algunas otras cosas. Hay parejas de mujeres que utilizan arneses, dildos que no necesariamente tengan la forma del pene; hay estimuladores del clítoris… Lo que pasa es que cuando vos entrás, lo primero que ves es penes de todos los tamaños. Tenés que preguntar. En realidad, si vas a comprar un juguete sexual para regalarle a un varón es más difícil. Si no es un anillo o algún dilatador anal… a lo que muchos le van a salir corriendo. Lo que pasa es que miramos los juguetes siempre en relación a una pareja y desde la heterosexualidad.
MILITANCIA ERÓTICA. Para Fernanda, encontrar la sexología en su camino fue un canal para la transformación: “cambió mi relación con el mundo, porque es otro modo de encarar la vida: desde el placer”. De ahí que es una apasionada militante de la instalación de estos temas. “Desde la sexología decimos, con fines explicativos, que la sexualidad tiene dos vertientes: la reproductiva, por un lado –que, paradójicamente, no necesita ningún aprendizaje, pero es la poca que se enseña y la poca que está en los libros (las mujeres nos embarazamos, sepamos o no; en todo caso, lo que tenemos que aprender es a poder planificarlo y prevenirlo). Y, por otro lado, la erótica-placentera, que sí necesita aprendizaje. Y esa estamos intentando promover. Necesitamos saber cómo es nuestro cuerpo, qué nos gusta, mirarnos, tocarnos, darnos permiso”
–¿No se ha avanzado en relación a la educación en estos temas?
–En realidad, el control de la sexualidad es un control político. Cuanto menos sepamos, cuanto menos disfrutemos, cuanto menos conectados con la vida estemos, más fácil de manipular vamos a ser. Es lo que siempre digo: éste es un modo de militar por la paz. Las personas que disfrutan, que están endorfinadas, que caminan y liberan feromonas, tienen menos espacio para la sumisión y el conflicto.

Minorías eróticas
Fernanda propone pensar a las prácticas “alternativas” al sexo oficial como “minorías eróticas” –término acuñado en los años 60 por el psiquiatra sueco Lars Ullerstam, quien consideraba que éstas pueden enriquecer la sexualidad. En este viaje por los márgenes del amor encontramos paradas como el poliamor, el swinging, el sadomasoquismo, el voyeurismo, entre muchas otras para investigar. De todos modos, concluye: “El desafío está en que dejemos de categorizar y empecemos a hablar de personas con deseos, con fantasías, con libertad, con permiso para disfrutar. Si está todo consentido, todos somos adultos y todos tenemos ganas, ¿cuál es el problema?”.

Rocío Fernández Doval

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