CAZANDO FOBIAS

Querida Liliana:

Sos mi primera lectora .Cumplí en contarte  una parte de mi vida pasada.

Esta es  la historia de una chica solitaria con dos hermanos varones mayores.

Me gustaba armar carpas en la terraza, con el mantel granate de terciopelo viejo de mi madre.vertigo

En el verano llevaba frutas, muñecos y libros y me encerraba en mi casa provisoria. Podía pasar allí todo el día.

A veces caminaba sobre las claraboyas que daban a un patio a una altura de un  piso hacia abajo. Allí estaba el dormitorio de mi hermano del medio.

Para entonces yo pesaba 26 kilos. No corría peligro, creía. Nadie se enteraba de mis fechorías aéreas.

Otra vez salté de un balcón a otro del departamento de la casa de una amiga que se había olvidado la llave .Estaba en un cuarto piso.vertigo1

De grande desarrollé en retrospectiva una fobia a las alturas.

Cuando me enteré que Tato Pavlovsky había huido saltando de su 8º piso al otro inferior, (con lo que se ganó una bonita hernia y una posterior renguera) casi me muero de susto

Pero entonces ya era una joven adulta y me impresionaba el peligro de las alturas.

En el Huaina Pichu, en Perú, me estanqué en el ascenso, y aunque me gritaban mis amigos que me precedían en el camino, no me hubiera movido. Había desaparecido el débil alambre que servía para asirse cuando la gente escalaba. Adherida a la montaña como una garrapata, me hubiera dejado morir. ¿Morir? Me imaginé los diarios peruanos con titulares ”Argentina boluda cae al río Urubamba en una escalada ridícula”. Me sentí tan humillada por mi propio pensamiento que vencí mis temores y ascendí hasta la cima. Allí oraban los hippies  y ofrecían incienso por la paz del mundo.

A partir de allí pude superar el ascensor de 20 pisos al vacío para tratar de hablar con un presunto suicida en un Congreso en Montevideo.

En otra ocasión  me pegué a la pared del ascensor del moderno elevador del hotel de Ciudad del Cabo, que era un espectáculo abierto sobre el abismo, para llegar a mi piso 24.

Ando en busca de  nuevas fobias. Ya llegarán. La vida no alcanza para temer aquello que alegremente desconocimos como peligros.

Por hoy, ya te conté bastante.

Saludos,

Isabel Boschi.

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