Rosita Habla Ingles

por la Licenciada Isabel Boschi
El movimiento gay-lésbico-travestista-transexual en Argentina, como sucedía desde hacía años en Europa y Norteamérica, a partir de los 90 unió sus fuerzas para constituirse en una ola política, tendiente a favorecer un cambio de actitud favorable hacia las diversidades sexuales.
Diversidades sexuales denominamos los que opinamos desde la Sexología, a “cualquier variante de la conducta que se aparte del esquema oficial de relación hombre- mujer, preferentemente con el hombre en posición físicamente superior a la mujer en la cama, con penetración vaginal y con propósitos generalmente procreativos.”
Sabemos qué limitado es este concepto de relac ión sexual. Por el empleo de los genitales y zonas erógenas.
Y porque el género de los incluidos en esa pareja no siempre coincide con los genitales que porta al nacer la criatura humana.
O porque esos genitales natales son tan equívocos que cuesta diferenciar un pene de un clítoris grande, es decir los rasgos primaros asignados al varón o a la mujer.
Es allí cuando muchos padres y neonatólogos solicitan estudios genéticos para saber cómo ubicarse con respecto al sexo del nonato.
Pero el género es otro tópico.
El género se desarrolla, (más allá de los genitales que traemos al nacer), con experiencias de vida.
Siempre queda el interrogante de cuánto hay de hormonas prenatales, o de alteraciones cromosómicas producidas en el antro materno que influyen en ese sentimiento variado de ser mujer o de ser varón, cuando esto no coin- quien nació con pene y testículos se sienta mujer o que quien nació con vulva y vagina se sienta varón, esos datos científicos comprobables, impelen a que la ciencia hable de “hermafroditismo “o” intersexualismo”.
Si en cambio, no hay datos relevantes externos en el cuerpo de la criatura que se identifica con el sexo opuesto, hablamos de transexualismo. Que es el sentimiento de ser mujer o varón, independientemente de los genitales que porte. “El cuerpo equivocado”, como se estereotipó en designar. Para su satisfacción, necesitan de la cirugía, cuando adultos, pues el cambio de aspecto genital se les impone.
En la Sexología del siglo XX, se entendió por trasvestismo dos formas predominantes:
a) estimularse con las ropas del sexo opuesto para el placer sexual, y para llegar al orgasmo al que no acceden de otra forma.
b) una identidad de género semejante al transexualismo, es decir, invertir la presencia de genitales masculinos o femeninos, con el sentimiento de ser mujer o varón. Pero las travestis no eluden el uso de los genitales en la relación sexual ni quieren necesariamente llegar a la cirugía para cambiar su aspecto físico.
Hasta acá unas definiciones precarias como para comprender que, en Sexología, mientras hay elementos orgánicos, hablamos de intersexualismo, con genitales y caracteres sexuales secundarios, atribuibles al otro sexo de varón o de mujer.
En cambio, hablamos de transexualismo, al referirnos a la persona que rechaza la forma de sus genitales que difieren del sentimiento de ser varón o mujer.
Por lo complejo de la descripción, todo esto genera desconocimiento social, no pocas burlas por ignorancia, agresión, rechazo y comercio mediático que engorda el bolsillo de los programadores de TV, y de algunas publicaciones de color amarillo.
Detrás de este marketing existen las personas que viven esta condición, que sufren por no poder mostrar lo que sienten, y los niños y niñas que se desarrollan dentro de una prohibición social que los estructura para que sean lo que deben ser.Y no lo que sienten que son.
Lo importante es la gente.
Pero el prejuicio no lo sabe .O no lo quiere saber para no complicarse la vida.

“¡Rosita habla inglés!”
En el ambiente de la gente “psi”, (psicólogos, psiquiatras, acompañantes terapéuticos, y tantos otros que comemos de la ayuda que les damos a los demás), que llegara Rosita con su producción de maquillaje, pollera bien corta para lucir sus bien torneadas piernas, grandes ojos azules, exoftálmicos,
no causó sensación, porque adquirimos una máscara profesional para no parecer sorprendidos por nada.
Rosita anunció a los dueños de casa, antes de que los colegas llegaran, que regresaría en un rato con una “chica” transexual como ella.
Aceptada que le fue la propuesta, Rosita se demoró. Cuando reapareció, los otros invitados la recibieron amablemente.
Rosita habló en inglés con el dueño de casa para anunciarle que la amiga no se animaba a compartir el momento con los demás y que se irían a bailar.
La novedad es que Rosita hablaba en inglés que es un idioma obligatorio para la mayor parte de las disciplinas “psi” y para la mayor parte de la gente que no quiere quedarse fuera del siglo XXI occidental ,tecnologizado y de tradición judeo-cristiana.

¿Para qué habla Rosita en inglés?
Hipótesis:
1) Rosita quiere ser aceptada, pero no quiere no ser una del montón.
Busca una señal de diferenciación con los demás.
2) Rosita muestra que ser transexual o cross –dresser (quienes cambian su vestuario masculino-femenino según las circunstancias, hora del día, contexto, etc.), no significa ser bruta, sin idiomas, sino que puede pertenecer a una clase social educada, si por tal se entiende que hable en inglés.
3) Rosita tiene vergüenza de ser observada como un objeto en la platina del microscopio por los profesionales que la rodeamos.
4) Por solidaridad a su amiga, Rosita no quiere exponerla a curiosidades que
ella cree poder enfrentar pero que supone que incomodarían a la otra muchacha.
Estas y otras especulaciones son simple reflejo del lugar marginado que alguien, tan audaz como Rosita puede sentir ante los psi.
¿Qué clase de psi soy yo?
Soy una psi a quien le interesan las personas, la manera en que se las arreglaron para vivir, los afectos que pueden producir en su entorno, su creatividad, la posibilidad de cambio, si ellas lo desean.
En tal sentido, busco en los márgenes de la sociedad bien constituida la esencia del ser humano, con la esperanza de que allí quede algo de frescura, tan evidente en muchos niños.
A propósito de niños:

Otros ojos azules.
Ramiro me mira con sus grandes ojos azules.
Como insiste en sus persistentes miradas, los observo hasta que un recuerdo se enciende en mí: “Yo a vos te conozco”, le digo.
Entre medio de sus amigos de cinco años, no deja de observarme.
“Vos viniste el otro año con tu papá y tu mamá .¿Te acordás por qué?”(Padres obsesionados por la sexualidad de su niño)
“¿Por qué los chicos y los grandes crecen de diferente manera?, me contesta con una pregunta desconcertante.
La maestra jardinera que nos escucha conversar, le explica:
“Todos crecemos pero de diferente manera. Los chicos y los grandes”.
A continuación la jardinera me cuenta que Ramiro no quiere entrar a la pileta del jardín porque viene “producido” desde su casa: peinado punk en sus cabellos rubio, gel mediante.
La jardinera prometió rehacerle el peinado después de la clase de natación.
Ramiro había venido un año atrás traído por una madre llorosa, muy apegada a su hijo.
Era una madre grande para un niño tan pequeño. Su marido, aún mayor que ella la tranquilizaba cuando Ramiro quería ponerse el calzoncillo como bombacha.
“Son cosas de chicos”, decía el papá. “Yo te quiero siempre igual” Aseguró.
Al hablar con Ramiro él me reafirmaba con tozudez su identidad de género femenina.”Quiero ser nena porque es lindo ser nena”.
Lo fui a ver jugar con chicos y chicas en el jardín, activo, dinámico, hablaba de una fluctuación rica en roles donde él lideraba los grupos, a veces compartía otros, se disfrazaba con ropas de nene, y a veces de nena.
Tranquilicé a los padres diciéndoles que Ramiro era pequeño y que estaba definiendo sus roles de varón y mujer y que debían acompañarlo , jugando a alternarlos..Pedí más presencia al padre y menos apretujones corporales a la madre respecto de su hijo.
No les gustó mi intervención y trasladaron al niño a otro jardín, religioso, de manera que podían observarlo desde la ventana de enfrente de la casa.
No siempre las buenas intenciones son bien entendidas.
Con el tiempo se mezclaron en mis recuerdos los ojos azules de Rosita con los de Ramiro.
Pensé que aunque sus historias eran simultáneas, podían sucederse: la historia de Ramiro y sus padres, quienes frustraron su ensayo-error de género, precedía a la historia Rosita, quien, con los años, resuelve tener cosas masculinas y femeninas al mismo tiempo, (como todos los seres humanos, por otra parte) , sin renunciar a ninguna de ellas.
De día, un caballero ejecutivo. De noche, una dama.
Conclusión
Me gustaría que habláramos con comprensión sexual de toda la gente.
Como el inglés, idioma universal, no hay obligación legal de saberlo.
Pero conocerlo nos da más oportunidades para compartir con otros diferentes paisajes de vida, miradas y sentimientos que nos enriquezcan a todos.
El lenguaje de la sexualidad debería expresarse en su multiplicidad.
Creemos un esperanto de la sexualidad para comprender todas las manifestaciones sexuales. Por ahora sólo tenemos opciones parecidas al idioma inglés, sofisticado, capitalista y relativamente universal. Mezcla de ciencia y sentimientos. Es lo que hay.

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