La inventora de personajes

imaginacioneroticaEstaba segura que era él. Lo vi. por el rabo del ojo, pero en ese mismo instante desapareció, como un destello de luz cuando uno parpadea al encandilarse por el sol.

Ya me había ocurrido en el patio, mientras colgaba la ropa. El estaba asomado por la medianera, mirándome inquisitivo. Me preguntaba porque mis ojos no le correspondían. Eran tan lindos como dos fanales. Al asecho me seguía robando la libertad. Quedaba yo cautiva de sus pensamientos, presa de sus deseos.

Del mismo modo, en el espejo lo veía detrás, parado, besándome el cuello y acariciando el brillo de mi pelo largo como cascada. Pero al darme vuelta no había más que azulejos inmaculados. De tan limpios, parecían también  espejos.

Mas tarde lo vi en todos lados y en casi todos los momentos del tiempo, que feroz, parecía no transcurrir, si estaba ausente.

Yo cerraba los ojos para no ver que no estaba y lo imaginaba rozando sus labios por mi frente.

Y era en  el silencio cuando me ardían los párpados de tanto buscarlo, cerraba las persianas y miraba para adentro. Buscaba calmar el dolor con el frió de algún paño o el clamor de la imaginación.

Si, fue un hombre inventado. Más allá del sacrilegio de ser una mujer despiadadamente imaginativa, lo concebí para sentir “el amor” con sus persecuciones y codicias mutuas.

Creí que una simple espera, me devolvería la quietud en el reparo del escritorio. Ese vacío de tiempo en el que la paciencia debía hacerse presente y no volver así a mis “creaciones” anteriores, desgastadas y cursis.

Mientras tanto, en ese espacio que me miraba,  comencé a trazar otra personalidad para mi cuento, e iba oyendo las ideas tranquilas que aparecían como chispas.

 

Liliana M Noronha 2014-09-01