TRANSEXUALISMO Y SENTIMIENTOS

Por la Licenciada Isabel Boschi, Licenciada en psicología, UBA, Sexóloga clínica y educativa.HM2

¿Alguien que nació con genitales masculinos o con genitales femeninos en algunos momentos de su vida puede sentirse femenina , (en el primer caso) o masculino, (en el segundo caso)?

Muchos se preguntan: ¿No perdurará algo de lo viril en las trans mujeres y algo de mujer en los trans varones? (“Trans”es un apócope de “transexual”)

(Científicamente es así porque , si nos referimos al factor hormonal, tanto varones como mujeres tenemos hormonas masculinas (testosterona) y femeninas(estrógenos) aunque en diferentes proporciones.Desde la etapa embrionaria transitamos entre lo masculino y lo femenino)

Esta es la pregunta que me formularon adultos, menores, jóvenes, cualquiera sea el nivel de  información que hayan alcanzado.

El supuesto básico de la Sexosofía  tradicional (lectura no científica de la sexualidad humana)  es que hay una sola manera de sentirse femenina o masculino. Y que esta manera está determinada por los genitales. Pero  desconocen tanto los avatares de la vida intrauterina materna prenatal  como los aprendizajes tempranos ligados a los estímulos culturales de género que perciben esa esponjas humanas de aprendizaje que son los niños pequeños.

Ser femenino o masculino se nace y se hace en apretada combinación, idiosincrásica para cada cual.

Existen  experiencias familiares tempranas como los procesos de identificación con el padre del mismo sexo y de complementación con los del padre del sexo opuesto. Pero en etapas tan lábiles de los afectos, ambos procesos  pueden invertirse por razones circunstanciales de percepción visual potenciados por la forma de recibir los cuidados corporales en un momento crucial del desarrollo del infante humano.

Existen experiencias permitidas sobre seres vivos para detectar de qué depende que se sienta mujer o varón , contradiciendo la genitalidad de nacimiento pero están vedadas las experiencias cerebrales para entender desde la Sexología científica.

En todo caso, el estudio de la  historia de la humanidad y los conocimientos que obtuvimos desde nuestra tarea clínica  con  nuestra inserción comprometida en la sociedad, nos demuestran que siempre existieron personas transexuales y que para nadie es sencillo identificarse con un género masculino o femenino, y menos aún  en una sociedad determinada por la  tradición judeocristiana , que bipolariza los temas de género porque privilegia la reproducción en el vínculo de pareja .Y no el amor y el placer.

Los cambio sociales alteraron el sentirse femenina  o  masculino .Que no deja de ser una convención útil para unas áreas y perjudicial para muchas otras.

Para la gente llamada transexual que se identifica con sentir en sí misma los genitales del sexo opuesto a aquellos con los que nació, esa situación es más dramática que para cualquiera porque para trabajar, estudiar, ser amada requiere una mente abierta del otro lado del vínculo.

Y los prejuicios sociales sólo siguen reconociendo, que hay varones o mujeres. Que los primeros nacen con pene y testículo las segundas con vulva y vagina.

Convengamos que sentirse mujer o sentirse varón constituye  un proceso que se inicia en la infancia, pasa por períodos cruciales de identidad de género y se consolida en la adolescencia , persistiendo en la vida adulta. No es un hecho voluntario. La estrecha combinación de esquema corporal vivenciado desde los primeros momentos de la vida y la influencia del entorno, impulsan a la persona trasn a que defienda íntimamente sus derechos a ser aceptada en todos los ámbitos de la vida.

Y si no lo consigue, sufre mucho.

El comportamiento de la persona puede responder o no a las  expectativas de la sociedad que lo/a vio nacer con pene o vulva. Pero el sentimiento que se desarrolla en ese niño que se siente nena o en esa nena que se siente niño es algo personal.

En la ciencia durante años se lo denominó “transexualismo”,  a ese sentimiento de ser femenina o masculino  en discordancia con la apariencia genital..

Hay gente que se opera porque no puede tolerar la vista de esos genitales que significan un mandato prejuicioso que no quieren obedecer.

Hay gente que no se opera por circunstancias económicas, de edad, de miedo a la discriminación cuando conozcan su historia. O porque en su mente ya negó los genitales con los que nació.

Existen también montones de gente que desconocemos que son transexuales a quienes queremos, respetamos, amamos y apoyamos, no por su condición que ignoramos, sino porque son  merecedoras de ser amadas y admiradas por lo bello que hicieron de su vida. Y de su arte. Porque vivir es un arte.

En el Congreso de Disforia de Género, de la Harry Benjamín Association, al que concurrí en Londres, 1999, una persona con túnica, rapada, se negó a decir si era varón o mujer cuando subió al escenario a exponer su trabajo. “Lo único que les tiene que interesar no es lo que tengo bajo la túnica. Si no, que me deben respetar como persona, por lo que siento y lo que pienso. Discutan lo que dije, y lo que hice. Como  merece  todo ser humano. No me determinen”.