Denuncia: Diego Almirón.

Mi nombre es Diego Almirón y vuelvo a escribir ya que el miércoles 27 de Noviembre, como muchos de ustedes seguramente, fui uno de los que concurrió, pese al miedo a las agujas debo confesar, a la convocatoria a donar médula por parte del INCUCAI y otras organizaciones que llevan adelante la enorme tarea de salvar vidas. Como todos, fui lleno de entusiasmo y más conmovido aun me sentí al ver la gran cantidad de personas que asistieron. El solo pensar que en algún lugar del mundo alguien tendría la posibilidad de crecer, de concretar sus proyectos, de formar una familia, de vivir en definitiva, me hacía muy feliz, sentirme parte de ese grupo era para mi un deber y un privilegio a la vez pero fundamentalmente un DERECHO HUMANO. Como todos me sometí a los distintos filtros que marca el protocolo. En uno de esos filtros me tocó responder un cuestionario frente a una médica, como es de esperarse las preguntas tenían que ver con enfermedades que pude haber padecido, tatuajes en el último tiempo, consumo de droga, alcohol, etc. Hasta llegar al punto que motiva mi relato, trataré se ser lo mas fiel posible a lo que fue el dialogo con la doctora.

“¿Tuvo recientemente relaciones sexuales con personas promiscuas? Respuesta: No. ¿Tiene pareja estable? Respuesta: Si, desde hace cuatro años y medio. ¿Mantuvo relaciones sexuales con hombres?… Respuesta: mi pareja es hombre.

No se si fue por el estupor que me produjo esta última pregunta o las enormes ganas de seguir adelante y poder donar, probablemente ambas cosas, que no hice ninguna repregunta y seguí adelante con el cuestionario. Luego del cual me sometí a una punción en un dedo para verificar que la cantidad de glóbulos rojos se encuentra dentro de los parámetros normales. Curiosamente, según el enfermero que hizo el control, pese a estar dentro de esos parámetros, me explicó con mucho tacto y con gran amabilidad, que la prueba daba que estaban un poco bajos por lo cual prefería que no hiciera la donación de sangre en ese momento. Muchas cuadras después, volviendo a mi casa, me di cuenta que caminaba bajo la lluvia con el paraguas cerrado. Aun hoy trato de convencerme de que no hubo relación entre la pregunta sobre mi sexualidad y el conteo de glóbulos rojos. Aunque este no es el punto. Lo verdaderamente alarmante es que aun hoy algunos miembros de la comunidad científica sigan viendo al homosexual como un elemento de riesgo para la sociedad. Me siento muy apenado, no por mí, por que tengo bien claro que el problema no soy yo. Me entristece pensar que en algún lugar alguien con ganas de vivir y con un futuro hermoso por delante ve disminuidas sus posibilidades. Señores médicos, la vida no viene con prospecto, pero probado está que la discriminación, invariablemente, tiene efectos colaterales.