Acompañamiento terapéutico . Tesis

Mi nombre es Diego Almirón, Soy colaborador de la Fundación desde hace mas de cuatro años y desde hace dos, me dedico al acompañamiento terapeutico y es de esto de lo que voy a hablar en esta oportunidad.

El texto que les presento forma parte del coloquio que me tocó realizar en ANUDAR asociación civil, como cierre del curso de Acompañante Terapeutico especializado en psicopatología. El mismo da cuenta de una serie de intervenciones  en un acompañamiento realizado como pasantía en las últimas etapas del curso. Desde luego, los datos personales del paciente han sido alterados.

De este modo, gracias al espacio gentilmente brindado por Lic. Isabel Boschi y a su fundación, queda abierto un lugar que nos permite aportar miradas y experiencias sobre el rol que cumple el Acompañante terapeutico, como parte de un equipo interdisciplinario.

 

“Me asignaron un AT diagnosticado cinco años atrás con Parkinson. Guillermo tenía 68 años al momento del acompañamiento. Era medico jubilado, estaba casado y tenia tres hijos, dos de los cuales ya no vivían en la casa. Su esposa era docente y aún trabajaba. Ël llevaba un año con AT. Los datos que me pasaron daban cuenta de que en general rechazaba a los acompañantes y que en ocasiones los confundía con pacientes. Hablaba poco y pocas veces lograba concluir una oración. Salía a caminar con los acompañantes pero no iba mas allá de cinco o seis cuadras y siempre tomado de los hombros ya que a los problemas de motricidad se le sumaba la perdida del equilibrio. Su capacidad cognitiva estaba seriamente afectada producto de lo cual su memoria a corto plazo era sumamente frágil, situación que lo frustraba mucho y lo ponía muy ansioso ya que las palabras simplemente no aparecían o se volvían sonidos incomprensibles. En las primeras charlas, que fueron muy escasas, supe que le gustaba Sinatra y el cine antiguo. Comencé por buscar entre sus videos películas de la década de 50’ o 60’ y nuestras conversaciones comenzaban con referencia a esas películas y a hechos del pasado, este era el terreno en el que se sentía mas seguro, poco a coco la charla avanzaba en el tiempo hasta que se centraba en cosas del presente y aunque persistía la dificultad para hablar ya no se ponía ansioso cuando las palabras tardaban en surgir. En una de esas charlas luego de un momento de silencio puso en palabras uno de los síntomas de su enfermedad, de la cual no había hablado hasta el momento, “aparezco y desaparezco” dijo, haciendo referencia a sus períodos de acinesia.

En cierta ocasión en que, como casi siempre, la palabra buscada no aparecía, le conté que durante un examen le paso lo mismo a una compañera y ella antes de que se le borre lo que quería decir  puso una palabra que sonaba parecido en reemplazo de la que no surgía y esa palabra le trajo a la que  buscaba. A veces cuando hablamos dice alguna palabra pero me avisa que esa no es, es por que la puso en reemplazo de la que falta para no perder la idea de lo quiere contar. Hace poco realizó el siguiente procedimiento “valor,valor…Valentina, Valentina se llama una amiga que hace mucho que no veo”

En cuanto a su resistencia a caminar asumí el rol del tímido y era yo el que proponía volver con la excusa de que hacía mucho calor, que había mucho sol o que no teníamos mucho tiempo. “sos cagón, vamos un poco más que no pasa nada” me decía y poco a poco extendíamos nuestro recorrido. Al tiempo nos hicimos de conocidos en una plaza que está a ocho cuadras de su casa, gente mayor con la que solemos charlar y él con frases cortas participa de esas charlas. En uno de nuestros paseos fuimos desde nuñez hasta el barrio chino.

Como me preguntaba la hora con cierta frecuencia le pregunté a la esposa si él tenía reloj, me respondió que estaba guardado por que hacia mucho que ya no lo usaba. A la siguiente vez que me preguntó la hora le pregunté si tenía reloj me dijo que creía que si pero que se lo tenían guardado. Un rato después estando la esposa presente saque el tema de la hora, el se acordó de su reloj y se lo pidió a la esposa, inmediatamente se lo trajo. Después que ella se fue me dijo que le volvió la vida, ya no necesitaba de nadie para saber la hora.”