Para que sirva el tratamiento, hay que invertir

POLICIALES  DIARIO CLARIN 25/11/2012

DELITOS SEXUALES

POR ISABEL BOSCHI

La Asociación Internacional para el Tratamiento del Ofensor Sexual (IATSO) –de la que soy miembro desde 1999– define como “ofensor sexual” a la persona que se comporta sexualmente en beneficio de sus propios deseos sexuales sin consensuar su conducta con la voluntad de los demás.

Los “ofensores sexuales” suelen ser gente que tiene bajos niveles de autoestima corporal, de género y de su propia sexualidad. Además poseen una biografía personal donde no prevalecen el amor, el cuidado y el bienestar sino la carencia material, afectiva, y el maltrato y aún el abuso o violación.

Sobre la recuperabilidad de los “ofensores sexuales” no se puede generalizar: lo único que se sabe es que el “ofensor sexual” que no recibe tratamiento (vaya o no a la cárcel) reincide en la mayoría de los casos.

Los países nórdicos, como Dinamarca, Noruega y Suecia, tienen programas carcelarios para “ofensores sexuales”. En Noruega, en un programa de 10 años hubo cero reincidencias del delito sexual, según el Congreso de IATSO en Oslo, de 2010. En tanto que España y Estados Unidos han coincidido en encontrar sólo un 1,7% de reincidencia en los “ofensores sexuales” que cumplieron un programa de al menos tres años, con profesionales a quienes paga el Estado, con chequeos evaluativos diarios, con grupos de terapia y terapias individuales.

Hay que entender también que para que sirva el tratamiento hay que invertir plata, cosa que los gobiernos sienten que es innecesario para estos ciudadanos caídos en el delito sexual. Hace falta inversión económica en la recuperación de una parte de la población que no es la mayor, pero que crece.

En esta problemática existen factores que pueden generar una mayor reincidencia en el delito: –No recibir ningún tratamiento psicológico centrado en su ofensa sexual ni antes ni durante ni después de la cárcel –Arrojar de la cárcel a los que cumplieron su condena sin ningún reaseguro social, sin la protección y el seguimiento que a algunos les da el Patronato de Liberados, que los orienta para su reinserción en sociedad.

–Cuanto más florido fue el condicionante negativo anterior al delito sexual en la vida del “ofensor sexual” (consumo compulsivo de drogas, de alcohol, robo, indigencia, ignorancia, analfabetismo), mayor es la tasa de reincidencia.

–En cuanto a los ofensores sexuales juveniles, el aspecto negativo que puede promover la reincidencia de su conducta delincuencial reside en las dificultades que tienen para el cortejo (aprender a noviar), pues la sociedad no les ha ayudado a superar los valores machistas que entorpecen la relación varón–mujer.

Ante este panorama, las principales políticas de Estado cuando el delito ya está cometido por el individuo consisten en: 1) Un plan sistemático de Educación Sexual en las cárceles a la población en general y programas educativos donde sin mojigatería pero con conocimientos científicos expliquen quiénes son “ofensores sexuales”, qué les pasa, cómo manejarse en cada situación; 2) Tratamiento en prisión a los “ofensores sexuales”; 3) Seguimiento de especialistas al salir de ella, después de haber cumplido su condena; 4) Control y evaluación cotidiana de las conductas de los detenidos en el ámbito social, relacional, educativo y de asimilación de los valores sociales con los que tendrán que manejarse en libertad.