Una Ninfa de Pesadilla

Alejandro Ferreiro

De repente el sabor acre en la boca seca, el vértigo de la ambigüedad en mi mente…Queriendo huir de esa pesadilla, sin saber adónde, pero huir, tratando de dejar atrás esa realidad, insoportablemente vívida, para despeñarme en otra que por largo rato no percibí como mejor pero que me ofrecía una salida aunque confusa.
Así fue mi despertar esa vez…
Paulatinamente cuando fueron tomando forma esas dos dimensiones, a las que llamamos “sueño” y “vigilia” pude desde ésta comenzar a reconstruir mi pesadilla.Sí. Mi Pesadilla…
Se fue reordenando en mi mente una sucesión de imágenes que derivaron en secuencias hasta tener la fluidez de un film en el que estaba involucrado como protagonista.
En esa vorágine incoherente de pronto surgió Ella, es decir su mirada… toda la expresividad en sus pupilas… y yo sintiendo su presencia atemporal y su cutis tenuemente marfilino en púdica desnudez.
…Y la mirada que me persiguió desde la primera vez, y toda ella…que con su presencia me fue develando el misterio del erotismo.
Con las imágenes del sueño comenzaban a entremezclarse recuerdo de mi infancia, cuando de la mano de mis padres, frecuentaba su morada; aquella que para mí era su “imponente casa” y casi un “templo laico” para los míos.
Era su piel la que entonces arrobaba a mi madre, a la que despertaba una sana envidia femenina tan inocente como era todo en ella. Esa dermis que cubre sus convexas formas y que quizás, despertaría en mi padre algún pensamiento pecaminoso, pudorosamente ocultado.
El memorar mi niñez sumó el consabido agridulce de la nostalgia a mi descarnada angustia de ese despertar.

Al concentrarme en rearmar mi sueño me vi en el ambiente tan peculiar de aquella sala en penumbras, donde una fuente lumínica dirigía su haz solamente para inundar de luz toda su belleza; haciéndonos cómplices y causantes a la vez, de su constante sorpresa.
Es sabido que dentro de los sueños es imposible mensurar con precisión los tiempos. Pero dentro de esa dimensión indefinida sentí que había permanecido absorto largo rato, cautivo de su misterio y mis recuerdo tal. como sucede en mi realidad.
De pronto todo lo distorsionaba un humo y una luminosidad rojiza que se gestaba a mis espaldas.
Con esa convicción con que se acepta lo ilógico en el mundo onírico, comprendí que estaba inmerso en un incendio y que no estaba solo. Al girar, próximo a mí, una sombra tosía desesperadamente ahogada por la humareda que en la vorágine soñada, parecía no afectarme, así como tampoco las llamas que comenzaron a rodearme.
Pero lo desesperante para mí era ver al fuego abalanzándose sobre Ella, que yacía inmóvil, mirándome.
Todo era angustioso pues me invadía una indecisión que me impedía actuar.
Los mensajes de mis sentidos eran contradictorios; veía, cómo las llamas ennegrecían su entorno y comenzaba a lamer su piel cubriéndola de obscenas ampollas. Y su mirada, que era, por primera y última vez, exclusivamente para mí, nítida ente la bruma que lo enturbiaba todo.
Sentí en ese instante que descubría en su gesto la expresión de la súplica.
Pero el fuego avanzaba, destruía ,quemaba, derretía y ahogaba… y la tos cada vez más seca y gimiente, que crecía en intensidad tanto como en proximidad a la muerte.
Podía distinguir que la sombra yaciente en el piso era el cuerpo de un hombre casi anciano que ahogado por la tos, entre convulsiones, apenas atinaba a solicitar ayuda extendiendo débilmente su mano.
Mi primer impulso era correr hacia Ella, hacia la obsesión de su MIRADA y rescatarla y huir…sí, huir con Ella, no sé si con la intención de salvarla para la “posteridad” o con el deseo morboso de poseerla para mí por siempre.
Pero la tos, que se tornaba cada vez más débil y doliente, retumbando, insoportable en mi conciencia…
¡UNA VIDA HUMANA! …O ¡LA BELLEZA ETERNA!
De pronto, en esos saltos en el tiempo, que sólo es posible dentro de un sueño, me vi. corriendo por un túnel de humo buscando en la incertidumbre la salida, llevando al moribundo que no paraba de toser… Sentí que me demandaba un gran esfuerzo arrastrar su peso inverosímil.
Pero lo que me detenía era LA MIRADA DE ELLA, que como un dardo en mi nuca penetraba hiriendo mis sentimientos con una duda punzante.
No quise mirarla por última vez por temor a confirmar lo que ya presentía, su piel mancillada por el fuego, y sus ojos derramando dos espesas lágrimas carmesí.
Después la calle…la gente… creo que se oían sirenas, alguien me preguntaba cosas… La tos era acallada por una máscara de oxígeno, y el cuerpo desfalleciente era devorado por una ambulancia…
Otra persona me urgía a responder preguntas que no entendía ni me importaban… y más gente y más preguntas… todo era vertiginoso, atemporal, demencial…
Epilogando mi sueño, se confundían diarios, noticieros, emisoras y vaya a saber de dónde, de qué recodo de mi inconsciente, surgía aquella voz profesional y ascética, que comentaba lo sucedido con esa formalidad mediática, rutinaria y ajena, repitiendo algo así como …”En el pavoroso incendio de nuestro primer museo de arte causado por un desperfecto eléctrico en la iluminación de la sala, según las primeras conjeturas de los peritos, hay que lamentar la pérdida de una vida humana, la de un guardia de seguridad, pese a los denodados esfuerzos de los médicos. También es de lamentar la irreparable pérdida del cuadro LA NINFA SORPRENDIDA DE MANET, única obra que no pudo rescatarse del siniestro.
No puedo distinguir con precisión si esas palabras las escuché en mi sueño o las imaginé posteriormente, tratando de poner algo de lógica en mi caos…
Lo que puedo recordar de forma inequívoca fue esa frase que repetida como un eco provocó el sobresalto final y mi despertar:
“Con respecto al guardia fallecido, se acaba de confirmar, que se trataría de un ex represor, miembro de los servicios secretos de la dictadura, acusado de violaciones de derechos humanos y que oportunamente fuera indultado por decreto presidencial!
Cuando recobré mi total lucidez, sentí que mi pesadilla no era más que eso, tan sólo un mal momento.
Pero fue suficiente para que mi conciencia se hubiera tambaleado entre mil dudas éticas: la solidaridad, la justicia, el sentido de la vida y la muerte.
La única manera de calmar mi desazón era venir al “Museo” para que, la presencia de Ella, me diera la certeza del fin de MI PESADILLA
Sí, aquí estoy en su presencia, ella como siempre otorgándome toda su virginal sorpresa tal como si fueran el primero en “sorprenderla” y me deleito contemplándola… Me fascina igual que siempre, pero esta vez siento como que MANET ha puesto un matiz de reproche e su mirada.
¿Pero qué pasa?… ¡estoy percibiendo algo que me aterra… siento escalofríos, me hiere ese inconfundible olor seco…me paralizo…
Un sutil chisporroteo invade el espacio, sí, es el típico, que precede a un cortocircuito!…proviene de ese “spot” , el que ilumina a la “NINFA”.
A.F.
10/04
PD.: Este cuento es sólo eso, un banal relato sobre una pesadilla ;“La ninfa sorprendida” nos sigue y seguirá seduciendo desde el Museo Nacional de Bellas Artes.

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