Diferencias

Epicura Duarte

Noviembre del 66.
Al entrar al gimnasio, la primera visión se dirigió hacia el buzo y pantalones azules. Un cuerpo macizo, musculoso. Pies descalzos. Cabeza grande. Mirada negra y sensual. La voz cálida.
Las otras mallas, contorneando sexos previsibles, se deshacían en filigranas acrobáticas.
Su deseo se espejo en la malla gris. Pero no así sus contorsiones, que apenas se elevaban a un cuarto de vertical.
La malla gris, gemela en calorías, resolvía las medialunas, vacilaba a veces ante el roll, acudía a una paloma para arrojarse con ímpetu y, siempre con sonrisa imperturbable, se mecía en el salto mortal.
En el baño, sin malla ya, se confraternizaba por sexos. Comentarios de ex-mallas grises, procaces; de exmallas negras, retaceados.
La envidia circulaba en ambos grupos.
El buzo y pantalón azul alcanzaba la copa de la voluntad triunfante, consolaba la debilidad ajena y acariciaba las telas elásticas, tenues disfraces de la piel.
Las clases atemperaron algunas miradas hacia las ropas azules.
Llegaron trajes sobrios y arrasaron con mallas abundantes.
La malla gris y la verde oscura aceptaron la elección del conjunto marino y entretejieron la intriga y el sarcasmo.
Las mallas mermaban y el conjunto marino temió quedar colgado.
Duchas frías sobre calores intensos variaron el clima tenderil y en alguna ocasión, las ropas azules se acercaron a la abundante malla negra.
Choque provocado y pasajero. Demasiada semejanza en la saturación del color.
La malla gris desmayó su tristeza apasionada rozando tibiamente el luto de aquella que esperaba que la tomaran de los fundillos para animarse a dar su salto mortal.
Mientras tanto, Buenos Aires era una fiesta.

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