DESPENALIZACION DEL ABORTO

 

Mi historia no es original.

Durante mi adolescencia y juventud hasta la mitad de ella, me acosó el fantasma del embarazo no deseado.

Con escasa educación sexual, durante las prácticas sexuales con mi novio,( poco menos ignorante que yo), nos cuidábamos con los escasos recursos de la época: coitus interruptus, preservativo. Ningún consejo o charla científica.

Cada período premenstrual era una crisis de ansiedad hasta que llegaban “las calendas griegas”. Hubiera sido casi un milagro no quedar embarazada porque no tenía con quién hablarlo.  Como le sucede en la actualidad a la mayoría de las jóvenes que carecen de una Educación Sexual Integral y pertenecen a una familia con valores sexuales conservadores.

La desgracia a tanto placer del momento y tanta angustia anticipada por el castigo divino del embarazo, llegó con el embarazo no deseado. Pero, más allá de mi fisiología y de mi anatomía, yo, como persona tenía otros planes para mí. Quería estudiar, quería tener relaciones sexuales pero de ninguna manera ser madre. Era muy chica para eso. Ni lo dudé. Y nunca me arrepentí. Abortamos de común acuerdo, él y yo. Lo sentí siempre culpable de no haberme cuidado porque creí que el sabría mejor que yo cómo hacerlo.

Por eso es que a partir de allí procuré desatarme de las creencias en el matrimonio.

Esa unión la viví como el purgatorio cristiano, con el que me castigué por haber accedido al placer ignorando cómo cuidarme.

Creo que fueron las motivaciones subyacentes para orientarme hacia la psicología y la Sexología: conocerme para disfrutar lo mejor posible. Compartir los conocimientos con los demás. Ubicar al placer sexual no como un Instrumento del demonio sino como una maravillosa posibilidad humana que podemos experimentar libremente.

Ante el embarazo no deseado propongo tener libertad para decidir; derecho a abortar sin penalización, de forma segura y adecuada; educar sexualmente en la libertad responsable y no en la culpa; controlar el cuidado social del propio cuerpo a través de la Educación sexual integral, como tarea del Estado; diferenciar las conductas de placer sexual de los proyectos de vida a largo plazo como son  la parentalidad biológica, la profesión y todas las otras formas sociales de compromiso con la sociedad.

Un principio que la ciencia demostró, es que un embrión es vida pero no es una persona, como un huevo no es un pollito ni un homínido no es un humano. Potencia no es acto. Si no hay  intencionalidad  consciente no hay  ser humano.

Isabel Boschi

Licenciada en Psicología-Terapeuta de familia y pareja. Sexóloga clínica y educativa.

Presidente de la Fundación Isabel Boschi

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